domingo, 15 de enero de 2017

La habitación cerrada

Es radicalmente diferente aspirar a vivir una vida sin atisbo ninguno de incomodidad, malestar, contradicción o angustia, que aspirar a tener la fortaleza para sostener aquellas cosas que la vida traiga, a pesar de que a veces pueden tener que ver con transitar un malestar y un dolor muy difícil.

El precio de querer evitar el sufrimiento a toda costa es altísimo y terrible, es el coste de matar lo más vivo de la vida.  Si no participamos y no nos implicamos en la vida, por miedo a lo que nos pueda pasar, estamos eliminando nuestras propias posibilidades de encontrar un lugar de alguna manera en la rueda de la vida; aceptando y asumiendo que a veces se pierde y a veces se gana. Por no estar dispuestos a perder alguna cosa nos quedamos sin la posibilidades de enriquecernos con lo que traiga la vida, quedándonos como en una habitación cerrada a cal y canto; clausurada y sellada por nosotros mismos

En realidad  muchas de las cosas que ahora se nos antojan fundamentales a imprescindibles en la vida nos han llegado de la manera más casual, cómica e incluso absurda (pareja, trabajo...). 

Las cosas más importantes de la vida son descubrimientos, o incluso encontronazos, no cosas que planifiquemos o que podamos controlar su aparición y desarrollo de manera total. Esto nos pone ante la vivencia de que las cosas no son tan controlables ni tienen un sentido tan unívoco o lineal como nos gustaría suponer, es decir nos enfrenta a la impotencia humana para controlar nuestro propio destino. 

Esto no quiere decir que no tengamos un papel fundamental en el curso de nuestra vida con cada uno de nuestros actos; asumir la  imposibilidad de ser el director omnipotente en la representación de nuestra vida, no excluye que el nuestro sea sin duda el papel del actor fundamental.

La impotencia del ser humano por predecirlo todo, controlarlo todo o saberlo todo, no contradice en absoluto la necesidad de la reflexión ética y responsable o la certeza de que es en nosotros mismo en quien debemos de buscar cuando queremos tratar de entender que papel estamos jugando en los acontecimientos de la vida. Demasiado a menudo atribuimos la responsabilidad de lo que nos va mal a cualquiera que no seamos nosotros, buscando fuera causas que deberíamos buscar dentro.

Muchas de las tendencias de nuestra sociedad actual tienen que ver con ese intento de saber y controlar todo a priori, que en algún momento deber facilitarnos -ciencia y tecnología mediante-, unas vidas perfectas, sin atisbo de dolor o frustración. En mi opinión mucho de esto nos conduce a la dificultad para asumir que muchas de las cosas que pueden llegar a ser importantes en nuestra vida no suceden con esa inmediatez, facilidad y de manera tan absoluta como se nos quiere hacer creer. Existen infinitos matices y recorridos que a veces son sorprendentes

Paradójicamente lleva mucho trabajo interior darse cuenta de que nadie mantiene la puerta cerrada, somos nosotros mismos los carceleros. A menudo escucho que si un trabajo con uno mismo de carácter psicológico no es rápido, indoloro no es adecuado... Tal vez sea necesario que sea así si lo queremos es en el fondo enmascarar sin cuestionar nada. A mi entender quien quiera saber algo sobre un sufrimiento lacerante que le impida la vida, con el objetivo de poderlo cambiar, deberá implicarse en ese proceso de manera total. Pienso que vale la pena echar el resto en una apuesta que puede marcar la diferencia entre pasar por la vida o vivir, aunque quizás no se tan rápido ni tan cómodo.

Si no apostamos a fondo por nosotros mismos cuando nos estamos yendo a pique, no se que es lo que nos puede hacer reaccionar.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Mancharse con la vida

En la vida de cada uno de nosotros, a medida que vamos creciendo, de manera inefable, se nos presentan una y otra vez diferentes cuestiones complejas con las que tenemos que ir manejándonos, y que a menudo no tienen una respuesta clara, sencilla y de una sola vez. Cada uno tiene sus propias cuestiones límite.

Cuestiones como el conflicto entre lo que deseamos y lo que hacemos, las relaciones afectivas y sexuales, los vínculos generacionales y su evolución, la aparición de la enfermedad o la muerte -a menudo de manera repentina-,  ponen de manifiesto algo a lo que nos es muy difícil querer mirar: la falta de control que tenemos sobre nuestra vida y la imposibilidad e impotencia humana para poder predecir que vendrá después.

A veces el sentido que tratamos de dar a las cosas no nos llega para relacionarnos con esas realidades difíciles: en esos lugares anida el malestar y solemos batirnos en retirada, o dar un rodeo ante aquello que nos causa angustia (pretendiendo una  exención imposible de determinadas asignaturas que es imprescindible cursar en la vida),

Así hay quien no se pone a prueba en el campo de las relaciones de pareja, y sexuales; quien no comparece a la hora de comprometerse y vincularse con personas, ideales o valores; quien se queda fijado a aquello que le viene de familia sin valor para desarrollar un proyecto personal distinto: cada uno tiene sus propios fantasmas, muchas veces erigidos en tiempos muy tempranos, a menudos relacionados con tabúes y secretos familiares

Así existen determinadas barreras, fronteras y límites ante los que muchas personas retroceden, porque provocan mucha angustia, amputándose posibilidades y áreas de la vida, por desconocer que más allá de esa angustia y del laborioso proceso de atravesarla puede haber respuestas.

El saber que emana de la exploración de aquello que nos causa angustia, puede resultar incómodo de obtener, como si se tratara de ir más allá de un campo minado, pero puede valer mucho la pena en el sentido de poder encontrar, quizás después de mucho trabajo con nosotros mismos, aspectos propios fundamentales para nuestra realización como personas que estaban ocultos bajo muchas capas.

Hay quienes pasan por la vida apenas sin tocarla, o apenas sin que la vida les haya tocado; un pasar por la vida de refilón, de puntillas preocupándose de no encarar determinadas fronteras o limites personales, que efectivamente pueden esconder lo más vivo y valioso de uno mismo, pero que para muchas persones están demasiado selladas por el silencio y el miedo, no vaya a ser que más allá de ese lugar de malestar se encuentren a ellos mismos.

Para vivir hay que mancharse con la propia vida, a veces yendo más allá de los límite de lo conocido y lo confortable. Aspirar a una vida sin incertidumbre ni angustia alguna, es también una vida congelada sin posibilidad de ir más allá.


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Llàgrima de llibertat

Tots patim el malestar i l'angoixa, la majoria de nosaltres de manera puntual, i aconseguim manternir-nos en un equilibri raonable. Això pot ser així per sempre, o en algun moment pot aparèixer alguna cosa que desequilibri aquesta homeòstasi. És sabut que pot passar a qualsevol.

Els patiments insuportables, són aquells pels que la gent consulta i demana ajuda per a poder esbrinar alguna cosa d'un mateix que permeti, en darrera instància fer els canvis i transformacions personals que permetin veure allò que fa patir des d'un altre lloc.
La meva idea i la meva pràctica ètica, professional i personal, diu que aquestes coses que fan patir de manera profunda i continuada a les persones, no són coses fàcilment extirpables, es tracta d'engranatges complexos, de nusos i de lligams inconscients que no són fàcils de tallar.

Evidentment, el paper de la persona que demana ajuda pel seu patiment, independentment del grau de desvaliment i incapacitat amb el que arribi a la consulta, és el paper clau en el recorregut per a poder canviar parts d'un mateix molt instal·lades que fan patir, i que sovint no entenem i van més enllà de l'abordatge de la lògica i del sentit comú: no és la lógica ni  el sentit comú o els consells ben intencionats el que està en lloc i el que pot mobilitzar el canvi.

En tot cas, fins i tot el patiment més gran no ho és en tot moment en la mateixa intensitat i tots disposem del recurs de la paraula per a poder tramitar, encara que sigui un momentàniament,  allò que en el fons ens fa patir, i tenir moments de respir.

La idea que proposo, sosté, i això actualment és molt impopular, que mantenir-nos a prop del malestar, amb la idea de poder-lo interrogar amb l'ajuda del professional adequat, va fent possible el camí, passa a passa, d'anar canviant més o menys lentament aquells circuits dins nosaltres mateixos, que ens fan ocupar posicions dolorosament insostenibles a la vida -evidentment cada persona és diferent i hi ha qui pot fer canvis molt profunds d'una manera molt ràpida-.

És impossible jugar una partida diferent a la vida, sense saber quina peça i quina funció representa un mateix, quines són les regles del joc i quin el tipus de tauler: d'aixó, moltes vegades prou soterrat, parla el procés que descric.

Un treball com aquest, no té en absolut res a veure amb voler aniquilar el malestar -via medicacions o altre tipus de procediments suposadament curatius-, cosa que pot resultar enormement alleugeridora però que relega i tapa de manera més intensa allò que ens fa patir, amb la possibilitat que torni de la mateixa o d'un altra manera.

Les medicacions, si s'utilitzen com únic tractament i per a acabar amb els símptomes sense poder desenvolupar i resseguir tot el que aquests símptomes tenen a veure amb nosaltres, pot resultar un alleugeriment molt important, però sovint tallen la possibilitat d'investigar i desentranyar coses a un nivell més profund.

Avui en dia no és fàcil ni popular, en la societat de la fascinació per la imatge, i de la immediatesa del temps, suggerir que el procediment necessari per a arribar a un lloc diferent, té a veure amb estar a prop de l'angoixa i dels límits d'un mateix, per a que arribat el moment i després de l'adequat procediment d'investigació en un mateix, les llàgrimes de patiment siguin autèntiques llàgrimes de llibertat.

El resultat és enormement diferent en la lectura que es pot fer de la vida passada, dels motius de les coses i esbossa unes possibilitats diferents per al futur.

El "benestar" químic i la promesa d'una felicitat ràpida i completa és una il·lusió que molt sovint ens enreda, per acabar de manera frustrant en el mateix punt on més endavant ens trobarem de nou encallats.

lunes, 31 de octubre de 2016

¿Y si no existe "la" respuesta?:

A diario aparecen nuevos conceptos, nuevas tendencias, nuevas modas que alardean de singularidad y novedad y que prometen ser la respuesta para problemas y cuestiones humanas que muchas veces no tienen una respuesta tajante y de una sola vez.

Curiosamente suelen nombrarse mediante un anglicismo y venir del otro lado del atlántico. Son productos, terapias, conceptos, que juegan con la natural tendencia del ser humano a buscar soluciones a aquello que no la tiene de manera rotunda y rápida, de un solo golpe. Si además se añade el prefijo "neuro" -a algo que no viene estrictamente del campo de la medicina y más concretamente de la neurología- la la suerte comercial está asegurada.

Lo curioso es que cuando se investiga estas tendencias rabiosamente contemporáneas, que casi reniegan de la historia, uno se sorprende viendo, que aquello que pretende ser un descubrimiento genuinamente ultramoderno, se llamó de otra manera hace bastante tiempo, y en aquel momento se trataba también de vender algo, con los mismos argumentos con los que actualmente lo hacen las supuestas ideas milagrosas y rompedoras que nos pretenden vender: es decir "ya estaba inventado", aunque generalmente sin anglicismo, y sin la partícula "neuro"

El sistema económico basado en el mercado junto con la tecnología nos quieren convencer de que existen respuestas definitivas para determinados temas sobre los que no hay "una respuesta" homogénea y estereotipada para todos: cada uno tiene que ir fabricando la suya propia: no hay respuesta universal para las relaciones, la sexualidad, las limitaciones de cada uno, el propio afrontamiento de la muerte...

No hay "La respuesta" y si pretendemos que la hay es porque estamos de acuerdo con una ilusión que tiene que ver con los postulados de la sociedad en que vivimos, que pretenden hacernos cree que podemos poner coto y control a temas insolubles, en vez de hacer el doloroso reconocimiento de que el ser humano está sujeto a incontrolables limitaciones, y que ni siquiera decidimos el momento y la manera de nuestra desaparición, tal como si nos empeñásemos en poner puertas al campo.

Es cierto que en el campo de la medicina el éxito es innegable y apabullante, pero con un límite jamás superable; la realidad del envejecimiento, la enfermedad y la muerte es algo que el ser humano jamás podrá alterar de manera esencial.


Estas reflexiones tal vez no tienen mucho eco en la sociedad actual, la de la perfección de la imagen, pero me parece que si podemos ir más allá de ello podemos encontrar la manera de acercarnos a lo más genuino de la vida, en vez de escondernos y ensimismarnos en millones y millones de pantallas que no hacen más que anestesiarnos y alejarnos de lo esencial del ser humano.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Depresión: Más allá de una etiqueta

Las llamadas “depresiones” son la epidemia de la psicología y de la psiquiatría de finales del siglo XX y principios del XXI. Presentan síntomas como la tristeza, la irritabilidad, la anhedonia -falta de ganas e iniciativa- el insomnio, la ansiedad y angustia, además de síntomas físicos como mareos, taquicardia, y muchos otros.

En fin, toda un abanico de síntomas muy inespecíficos que pueden llegar a ser extremadamente dolorosos e incapacitantes para la persona.

Grandes corrientes de la psicología y la psiquiatría actual pretenden dotar de una uniformidad clasificatoria a las llamadas depresiones estableciendo grandes categorías, según el aspecto fenomenológico de sus síntomas.

La psiquiatría busca el correlato anatómico de estos padecimientos mentales y propone medicaciones que resuelvan supuestos desequilibrios en la neurotransmisión que estarían detrás de este padecimiento mental, en el que se ubica una supuesta causa orgánica. Si bien todo esto es importante, en mi opinión se deben tener siempre en cuenta preguntas fundamentales que para mi son la clave de la orientación del tratamiento:

¿Qué función cumplen estos síntomas en la vida de esta persona? ¿Por qué ocurren de esta manera? ¿Por qué ahora?

La medicación, en caso de ser necesaria, debería ir siempre acompañada de un proceso de indagación e investigación, que vaya ayudando a clarificar porque sufre cada persona concreta, ya que las causas -mucho más allá de lo orgánico- que hicieron enfermar a alguien son totalmente idiosincrásicas y biográficas.

Las preguntas referidas, y otras que van surgiendo durante el tratamiento, nos suelen llevar por derroteros que van apareciendo y que poco tienen que ver “a primera vista” con los motivos de consulta iniciales: aspectos presentes y pasados de nuestra vida, duelos y pérdidas no procesadas, emociones y afectos soterrados... la pareja, la sexualidad, las relaciones familiares pasadas y presentes, los miedos y anhelos más profundos, nuestros posicionamientos básicos ante la vida en temas esenciales...

Como puede deducirse, no se trata de que el profesional de con una respuesta simple y absoluta que no implique ningún cuestionamiento por parte de la persona, al contrario, es más bien un recorrido, un proceso de la persona por su propia biografía en el que va encontrando muchas cosas y en el que lógicamente hay momentos difíciles: es todo un trabajo tratar de resolver aquello que puede haberse instaurado mucho tiempo atrás.

El enfoque que propongo tal vez implique un mayor tiempo de trabajo y elaboración, aunque el alivio puede empezar a sentirse desde bien temprano, y por supuesto necesita de una mayor implicación de la persona que sufre en este proceso y en sus resultados, dado que se considera que “no hay verdadera cura desde fuera de la persona” y que es el propio sujeto el que puede ir responsabilizándose , en la medida de sus posibilidades y situación- de si mismo, de su padecimiento y  de su vida, mientras va atando cabos y colocando lo más ordenadas posibles las  piezas básicas del rompecabezas de su subjetividad.


miércoles, 17 de agosto de 2016

Laberintos de uno mismo

Una de las dificultades a la hora de poder saber que es lo que nos hace sufrir y nos afecta, es precisamente el hecho de que sepultamos, escondemos, clausuramos y cerramos bajo llave el material que nos duele, tratando de alejarlo lo más posible de nuestra mente.

Hacemos todo lo posible por mantener alejados y desconocidos todos esos aspectos que forman parte de nosotros mismos, pero que al mantener tan rechazados es imposible que podamos integrar y tratar de poner de acuerdo con lo que somos y con como nos sentimos.

Nosotros mismos de alguna manera somos los creadores de este laberinto, en el que escondemos y tratamos vanamente de deshacernos de aquello que nos es difícil.

Más tarde, descubrimos que eso no funciona así. Todo aquello que hemos cerrado bajo mil llaves siempre acaba regresando de forma que nos causa dolor y dificultades: es incontrolable aunque nos hayamos hecho la vana pretensión de que lo podríamos controlar, empujándolo al lugar más embrollado y hondo del laberinto de nuestra mente.

Gran parte del proceso terapeútico de resolver y encontrar respuesta a todo eso que nos hace sufrir, tiene que ver con irse intrincando en ese complejo laberinto, y en todos esos nudos hechos de sentimientos, recuerdos y vivencias, en aras a poder ir desatándolos, estirando de los hilos más importantes y en definitiva, ir recorriendo ese laberinto que es cada uno de nosotros con el afán de avanzar en la vida, acercándonos lo más posible a la salida y abandonando por nuestro propio pie ese laberinto.

Por supuesto que ese recorrido implica que tengamos que revisar muchas cosas de nosotros mismos, de nuestro pasado, de nuestra vida, para lo cual necesitamos un tiempo porque precisamente no son cosas fáciles -por algo las tuvimos que  esconder en el fondo-

Desde mi formación y mi perspectiva personal y ética, pienso que esta es la manera de proceder para poder plantear algo nuevo; nuevas respuestas, nuevas posiciones... a antiguas cuestiones que tal vez llevan mucho tiempo haciéndonos daño. A menudo son temas de calado, y cuestiones con las que de alguna manera todo ser humano tiene que ir lidiando (la posición ante la vida, las relaciones, la sexualidad, los límites, la muerte...). Esta es la manera de centrar la cuestión y dirigir la mirada hacia esos "hilos maestros", aunque haya quien prefiera hablar de neutotransmisores, de la falta en el cerebro de determinadas sustancias... Por mi parte pienso que la medicación puede ser necesaria en ocasiones, pero si esa es la única estrategia para tratar el sufrimiento humano, creo que eso tal vez pueda tener que ver con seguir empujando todavía más al fondo del laberinto las cosas que nos hacen sufrir que con decidirse verdaderamente a abordarlas. Que se obtenga un alivio inmediato no quiere decir que no puedan volver en el futuro las dificultades, si en el fondo no están resueltas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Records del Nanking (Foods are memories)

Veient de manera casual una pel·lícula sobre restaurants, una frase dita una de les protagonistes: "foods are memories" va fer saltar com un resort al meu cap el record del tancament elmes passat del tant estimat restaurant xinés Nanking.

Els menjars, els àpats, fan records, i pel que a mi respecta, durant més de vint anys he visitat aquest restaurant amb la família rebent sempre un tracte amable, cordial i senzill den Jaume i el seu equip.

Quants de preciosos records amb la família i amb el meu pare "Bartolo de ses Flors", que fins i tot tenia un plat propi, sa "paella xina", adaptació al seu gust de l'arroç amb curry.

Vaig començar a anar-hi sent un nen, cosa que mitifica encara més els records i les anécdotes.
Els de casa tenien un negoci de flors, una floristeria, de la que Nanking n'era client, i sovint els negocis es feien canviant flors per dinars, a mode d'un economia de bescanvi, cordial, amable, i d'enteniment entre veïns: una Eivissa que va desapareguent...

Si avui m'animo a escriure aquesta petita carta d'homenatje al Nanking, que en en realitat és a Jaume i als que varen fer aquest somni possible durant tants d'anys posant-hi l'esperit, és perquè aquest restaurant era un testimoni de la nostra ciutat d'una Eivissa de veïns, famílies, gent coneguda, d'una manera de viure i estar a la vida.

Et mereixes aquest descans. Potser no hi contaves, però tu, el teu equip de treball i el vostre restaurant heu format part de la vida dels eivissencs durant molts d'anys, és per això que la tristor que sentim es barreja amb l'agraiment.

Gràcies Jaume, per tot.

Joan Escandell Salvador.