miércoles, 17 de agosto de 2016

Laberintos de uno mismo

Una de las dificultades a la hora de poder saber que es lo que nos hace sufrir y nos afecta, es precisamente el hecho de que sepultamos, escondemos, clausuramos y cerramos bajo llave el material que nos duele, tratando de alejarlo lo más posible de nuestra mente.

Hacemos todo lo posible por mantener alejados y desconocidos todos esos aspectos que forman parte de nosotros mismos, pero que al mantener tan rechazados es imposible que podamos integrar y tratar de poner de acuerdo con lo que somos y con como nos sentimos.

Nosotros mismos de alguna manera somos los creadores de este laberinto, en el que escondemos y tratamos vanamente de deshacernos de aquello que nos es difícil.

Más tarde, descubrimos que eso no funciona así. Todo aquello que hemos cerrado bajo mil llaves siempre acaba regresando de forma que nos causa dolor y dificultades: es incontrolable aunque nos hayamos hecho la vana pretensión de que lo podríamos controlar, empujándolo al lugar más embrollado y hondo del laberinto de nuestra mente.

Gran parte del proceso terapeútico de resolver y encontrar respuesta a todo eso que nos hace sufrir, tiene que ver con irse intrincando en ese complejo laberinto, y en todos esos nudos hechos de sentimientos, recuerdos y vivencias, en aras a poder ir desatándolos, estirando de los hilos más importantes y en definitiva, ir recorriendo ese laberinto que es cada uno de nosotros con el afán de avanzar en la vida, acercándonos lo más posible a la salida y abandonando por nuestro propio pie ese laberinto.

Por supuesto que ese recorrido implica que tengamos que revisar muchas cosas de nosotros mismos, de nuestro pasado, de nuestra vida, para lo cual necesitamos un tiempo porque precisamente no son cosas fáciles -por algo las tuvimos que  esconder en el fondo-

Desde mi formación y mi perspectiva personal y ética, pienso que esta es la manera de proceder para poder plantear algo nuevo; nuevas respuestas, nuevas posiciones... a antiguas cuestiones que tal vez llevan mucho tiempo haciéndonos daño. A menudo son temas de calado, y cuestiones con las que de alguna manera todo ser humano tiene que ir lidiando (la posición ante la vida, las relaciones, la sexualidad, los límites, la muerte...). Esta es la manera de centrar la cuestión y dirigir la mirada hacia esos "hilos maestros", aunque haya quien prefiera hablar de neutotransmisores, de la falta en el cerebro de determinadas sustancias... Por mi parte pienso que la medicación puede ser necesaria en ocasiones, pero si esa es la única estrategia para tratar el sufrimiento humano, creo que eso tal vez pueda tener que ver con seguir empujando todavía más al fondo del laberinto las cosas que nos hacen sufrir que con decidirse verdaderamente a abordarlas. Que se obtenga un alivio inmediato no quiere decir que no puedan volver en el futuro las dificultades, si en el fondo no están resueltas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Records del Nanking (Foods are memories)

Veient de manera casual una pel·lícula sobre restaurants, una frase dita una de les protagonistes: "foods are memories" va fer saltar com un resort al meu cap el record del tancament elmes passat del tant estimat restaurant xinés Nanking.

Els menjars, els àpats, fan records, i pel que a mi respecta, durant més de vint anys he visitat aquest restaurant amb la família rebent sempre un tracte amable, cordial i senzill den Jaume i el seu equip.

Quants de preciosos records amb la família i amb el meu pare "Bartolo de ses Flors", que fins i tot tenia un plat propi, sa "paella xina", adaptació al seu gust de l'arroç amb curry.

Vaig començar a anar-hi sent un nen, cosa que mitifica encara més els records i les anécdotes.
Els de casa tenien un negoci de flors, una floristeria, de la que Nanking n'era client, i sovint els negocis es feien canviant flors per dinars, a mode d'un economia de bescanvi, cordial, amable, i d'enteniment entre veïns: una Eivissa que va desapareguent...

Si avui m'animo a escriure aquesta petita carta d'homenatje al Nanking, que en en realitat és a Jaume i als que varen fer aquest somni possible durant tants d'anys posant-hi l'esperit, és perquè aquest restaurant era un testimoni de la nostra ciutat d'una Eivissa de veïns, famílies, gent coneguda, d'una manera de viure i estar a la vida.

Et mereixes aquest descans. Potser no hi contaves, però tu, el teu equip de treball i el vostre restaurant heu format part de la vida dels eivissencs durant molts d'anys, és per això que la tristor que sentim es barreja amb l'agraiment.

Gràcies Jaume, per tot.

Joan Escandell Salvador.

jueves, 16 de junio de 2016

¿Qué tratamiento damos al sufrimiento psicológico?

En esta nueva entrada me gustaría reflexionar sobre un elemento conceptual que me parece muy básico, pero que gran parte de la psicología y de las concepciones del discurso imperante de hoy en día tal vez no tiene demasiado en cuenta, al precio de no poder resolver aquello por lo que las personas sufren.

Actualmente se tiende a considerar desde muchos ángulos el malestar psicológico y sus síntomas (angustia, tristeza, apatía...) como disfunciones de algún mecanismo biológico de nuestro cuerpo, como trastornos perfectamente asimilables a otras enfermedades orgánicas, que apenas nada tienen que ver con el sujeto que las sufre, como una lotería en la que el nada tiene que ver. 

Si la biografía, la historia o la niñez del sujeto que sufre no tiene apenas nada que ver con estas "disfunciones"entonces no es necesario investigar nada ni preguntarse nada sobre uno mismo, por lo tanto estas son perfectamente resolubles por medio de alguna medicación o de algún manejo psicológico tendiente a suprimir este malestar y punto, como si se pudiera arrancar de cuajo.

El problema es que este procedimiento que no funciona. 

La química, aunque pueda aliviar, no hace más que esconder y sepultar algo que en cualquier otro momento de la vida puede volver a surgir, porque en realidad no se ha elaborado, no se "tratado", por lo tanto en última instancia no ha podido ser comprendido.


Mi enfoque y mi comprensión de la cuestión tiene que ver con el enfoque casi contrario. El sufrimiento y el padecimiento del sujeto está enraizado en su historia de una manera que le crea problemas. En este sentido será fundamental abrir todas las vías de investigación posibles de cara a que esta persona que sufre y nos pide ayuda pueda ir movilizando, descubriendo, abriendo, desvelando, y finalmente, modificando aquellos aspectos con los que tiene problemas y que le crean dificultades.

Evidentemente en este recorrido, la persona que consulta hace un importantísimo trabajo sobre si misma, que por momentos puede ser doloroso o incómodo, pero que tiene que ver con responsabilizarse se su propia existencia y limitaciones, algo que marca una dirección en el sentido de la responsabilidad y la ética personal de hacerse cargo.

Algo muy distinto de las soluciones "ilusorias" que la química plantea, a veces aliada con enfoques psicológicos que fantasean que el sufrimiento humano se puede simplemente suprimir, cortar, sin necesidad de una implicación del sujeto en la investigación de su sufrimiento.  

El recorrido a través de esta actitud ética y de responsabilización del sujeto en su propio sufrimiento será la clave en aras a que pueda advenir algo distinto en lugar de ese malestar.

Eso que nos venden -y nos creemos-

En nuestro recorrido por la vida, como seres sintientes, deseantes y pensantes, todos sabemos de los momentos de dolor, desconsuelo y sufrimiento que de alguna manera nos afectan en un u otro momento de nuestra existencia.

Por bien que nos planteemos hacer las cosas o por mucha energía, ilusión o formación que tengamos nada nos puede prevenir o asegurar de la incertidumbre estructural de la vida y de los momentos de dolor y sufrimiento que podrían acontecer en algún momento.

Estos principios o ideas sobre la vida, que parecen más o menos de sentido común, causan graves problemas a muchas personas que no han podido escribirlos como principios de ley en su propio interior a medida que se han ido constituyendo como personas.

Dichos principios, a establecer como renuncias a nuestras "ilusoriamente omnipotentes" capacidades, se empiezan a plantear por mediación de la función de los padres, y empiezan a limitar nuestro infantil y supuesto "poderlo todo" propio de esta etapa de la vida, para que podamos vivir de manera más o menos tranquila, asumiendo esas realidades de la vida menos fáciles como son el hecho de que la muerte espera a todos al final del camino o que el envejecimiento, la enfermedad, el dolor y el sufrimiento son  realidades que en algún momento nos afectarán. 

Aquí me gustaría establecer un paralelismo con los mensajes que nos llegan desde fuera, a nivel social, que parece que cada vez más están signados por que la felicidad total es a la vez un derecho y una obligación, lo "podemos todo" y lo podemos "ya"; en resumen, que una felicidad completa, instantánea y permanente es algo lógico para todas las personas, principalmente a través del consumo de objetos cada vez más tecnológicos y deslumbrantes que conforman auténticas "pantallas" con las que no vemos nuestras necesidades y anhelos más profundos, así como también nos desconectamos -quedan detrás de la pantalla- de aquellos aspectos de nosotros mismos que no cuadran con esa imagen pretendidamente ideal 

Es sencillo realizar una comparación entre este estado de cosas y el estado de la mente infantil, que en su construcción y su progreso necesita transitar por estas fases de "omnipotencia ilusoria" a medida que va madurando.

Respecto de mi propia profesión, creo que también algo de eso es necesario comentar acerca de esos enfoques que ofrecen, en muy poco tiempo soluciones muy definitivas para problemas complejos, me planteo si no es algo emparentado con ese imaginario anhelo infantil de poderlo todo...ya que el tiempo y la solución, va a ser la propia y particular de cada persona.

¿Necesitamos como profesionales garantizar la felicidad de las personas que nos consultan de acuerdo a los estándares de lo que se considera felicidad -el consabido bienestar, wellness...-?
¿Es esa nuestra función? ¿Es lo que cada paciente quiere? En mi punto de vista, tal como yo lo veo, debe gobernarnos una ética de la escucha, de aquello que el sujeto desea, aun latiendo esos deseos en la más desconocido y profundo de si mismo, para que el los pueda escuchar y dirigirse allí hacia donde su deseo le marca, no hacia donde nosotros pensamos.

El hecho de que una persona pueda estar mejor conectada con sus humanas limitaciones y asumirlas de la manera más creativa posible, entendiendo mejor hacia donde quiere dirigirse, quizás no venda tanto ni suene tan rimbombante como haber logrado la plena felicidad de aquel que nos consulta, pero me parece un objetivo humano y psicológico de primerísimo orden.

miércoles, 8 de junio de 2016

Sobre la angustia -III-

Quisiera iniciar esta tercera entrega en la que me vengo refiriendo al síntoma psicológico por antonomasia: la angustia, que además designa en sus diferentes formas un malestar epidémico en nuestro tiempo.

En mi opinión, es especialmente importante que la persona que sufre y pide ayuda por que tiene angustia haga un recorrido muy particular. 

Ese particular recorrido, nada tiene que ver con sepultar, medicar, y tratar de alguna manera de esconder debajo de la alfombra o de deshacerse de esta angustia mediante procedimientos químicos u otros manejos, que en el fondo no resuelven aquello por lo cual la persona sufre: no van a las causas.

Este recorrido tiene que ver con que es necesario poder preguntar, abrir, cuestionar, desenvolver, investigar... que cuestiones personales están intrincadas con esta angustia. La angustia se hace presente porque existe una especie de nudo dentro de la persona, de diferentes hilos de su biografía, relaciones, vivencias, sentimientos que de alguna manera se han ido tejiendo en diferentes momentos de su historia (a veces están tejidos de una manera intrincada y compleja), y que necesitan de este proceso terapéutico para poder desanudarse.

Este recorrido va a permitir a la persona cambiar las coordenadas de esta angustia en orden de poder descubrir otras cosas distintas.

Es importante interrogar todo este malestar y angustia, aunque pensar en ello pueda implicar incomodidad y cierta dosis de sufrimiento: se trata precisamente de los efectos de estar en tratamiento. A veces, es necesario descubrir heridas ocultas, lo cual es doloroso para la persona, pero fundamental para que se vayan curando adecuadamente, en aras de que no molesten en el futuro.

Necesitamos de la angustia como guía y como brújula para ir acercándonos y desenredando ese nudo, por lo que, en mi opinión, los procedimientos que desde el primer momento pretendan eliminarla sin más, aunque lo hagan con mucha eficacia, no nos garantizan en absoluto que la persona haya podido realizar el recorrido que implica que esa angustia no vaya a volver a aparecer de la misma o de otra manera: ¿Hay algún aprendizaje sobre uno mismo en el hecho de tomarse una pastilla?

En un extremo tenemos esa angustia que nos mortifica e incluso nos paraliza, y en otro tenemos un aprendizaje sobre las causas de esa angustia y sobre nosotros mismos; hacer ese recorrido (absolutamente particular y diferente para cada uno) es el alma del tratamiento, en definitiva, un profundizar en nosotros mismos mucho más allá de lo habitual

El alivio irá llegando por la propia naturaleza del proceso que se va realizando, en el cual, la persona cada vez más va a ir tomando un rol más activo (muy distinto de tragarse una pastilla y excluir toda la subjetividad propia). Ello no quiere decir que no aparezcan momentos de dificultad, temas complejos... que deberán ir siendo planteados a medida que transcurre el proceso.

Cada persona irá inscribiendo sus tiempos en el proceso, es por ello que fijar dicho tiempo de antemano me parece algo que no tiene en cuenta la particularidad de cada uno y puede obstaculizar el proceso necesario: no podemos saber a priori si el proceso va a ser rápido o más lento: será el que cada uno necesite.

Es por ello que cuando estamos hablando de malestares que llevan acompañando mucho tiempo a la persona, y probablemente esta esté "harta" de tratar de ser positiva, asertiva, moderna, feliz... -y otras etiquetas que el discurso social pretende hacernos obligatorias- me parece difícil que se pueda elaborar ese malestar con unas pocas sesiones y con consejos que vienen del orden de lo racional o el sentido común.

Puede que tras largo tiempo de sufrimiento algo resuene ya en la persona respecto que lo que le ocurre no responde solo a lo consciente y al pensamiento -sino ya lo habría resuelto por ella misma-. Es necesario investigar en aquello que no es tan consciente, o que lleva mucho tiempo enterrado, relegado, suprimido, para poder ir dando con hilos importantes.

El resultado de este proceso es salir caminado de la propia cárcel, sabiendo que ha sido uno mismo quien ha abierto la puerta, después de atravesar las propias contradicciones, lo cual otorga un conocimiento de uno mismo muy especial, un sentirse con uno mismo diferente y otra perspectiva de la vida y de los otros.


miércoles, 1 de junio de 2016

Intentando vivir (dificultades de la juventud de hoy)

Creo que no hay proyecto o itinerario de vida que no esté marcado por la dificultad en alguna o en muchas de las fases de nuestro camino; todos hemos atravesado, atravesamos y atravesaremos vicisitudes y sufrimiento en nuestro trayecto hacia aquello que deseamos y que creemos que necesitamos y que queremos alcanzar.

Es utópico pensar que existe una manera de alcanzar las cosas, que las otorgue todas a la primera y con total facilidad. En mi opinión, eso no es algo susceptible de ser alcanzado por un ser humano, aunque por desgracia, el discurso actualmente imperante en la sociedad sea el de que lo podremos todo y que lo podremos desde ya.

Como decía, el sufrimiento, la dificultad, la espera... en la búsqueda de los que perseguimos, es algo plenamente humano, por suerte, evidentemente, ello acompañado por los logros que vamos alcanzando y por todas las cosas que aparecen en el camino y también nos ayudan a ir avanzando por el: "cuesta abajo un ratito, cuesta arriba después", así es la vida.

Hoy en día, en nuestra entorno socio-económico inmediato y también en el el marco social general, tenemos una serie de condicionantes que podemos catalogar como dificultades propias de la cohorte de jóvenes que sueñan con poder configurar un proyecto de vida propio: el empleo, la dificultad para independizarse, la carestía de la vivienda...

Los anteriormente mencionados son sin duda escollos importantes en la configuración de la hoja de ruta de la vida para las generaciones actuales, pero no hay que dejar de tener en cuenta que las generaciones anteriores no han estado exentas de sus propias dificultades en este sentido, y aunque hoy podamos desalentarnos ante lo que nos parece un muro insuperable, antaño han existido dificultades y barreras que tal vez eran más grandes objetivamente que las que podemos encontrar ahora.

En este sentido, la respuesta que podemos aportar cuando nos enfrentamos a estorbos y obstáculos que van más allá de lo que podemos resolver mediante nuestra voluntad de una manera rápida. tiene que ver con intentar vivir y perseguir nuestros objetivos, advertidos de que desde la noche de los tiempos el ser humano ha tenido impedimentos y dificultades para alcanzar sus deseos y realizar su trayectoria, con momentos de detención, desconsuelo, desconcierto, pero generalmente eso no ha sido un determinante definitivo para no poder llegar, alcanzar y lograr cosas valiosas en la vida, aunque hayan necesitado también de sacrificios importantes.

Por otra parte creo que es importante la queja, la reivindicación y el alzar la voz ante las condiciones de vida injustas y para encaminarnos a aquello que debería de funcionar mejor, no obstante hay que tener en cuenta que todas las generaciones han conocido de la injusticia y de las dificultades, y que estas no son un patrimonio exclusivo de los jóvenes de hoy. Es responsabilidad de todos el tratar de mejorar las condiciones socio-económicas para las generaciones futuras, así como reivindicar y protestar ante las injusticias que se pueden llegar a dar. 

A pesar de todo ello, la cruda realidad es que nadie más que nosotros para sacar adelante nuestra vida, y que en este sentido a veces es difícil, pero absolutamente imprescindible no desistir de la lucha hacia aquello que deseamos, aunque lo que logremos no sea exactamente tal y como esperábamos, con el tiempo puede cobrar más valor del que hubiéramos imaginado.

Ese no desistir y afrontar, marca la posibilidad de una trayectoria de la que más adelante y mucho más adelante podamos estar orgullosos aunque haya atravesado alguna etapa de cierta dificultad, a la par que luchamos por construir una colectividad mejor.

Muchas gracias.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Sobre la angustia -II-

Hoy en día los problemas relacionados con la ansiedad y con la angustia desbordan las consultas de los psicólogos o psiquiatras; son un mal que aumenta de manera significativa en nuestro tiempo.

Mi reflexión sobre el tema, es que la angustia y la ansiedad están muy relacionadas con la biografía de la persona, con lo que ha vivido y con lo que está viviendo actualmente. Es por ello, que de cara a poder hablar de curación es muy importante poder realizar (y que la persona pueda realizar con ayuda) una investigación y abrir una serie de preguntas y de interrogantes, a veces dolorosos en primer momento, sobre si misma.

Tal vez este itinerario no obtenga un alivio  tan instantáneo de la angustia, pero ofrece un recorrido para poder hacer algo con ella, que no se limite a aplacarla por diferentes procedimientos (químicos o no) que en el fondo no nos van a permitir desentrañar nada de su origen y su naturaleza.

Para poder dar lo que yo considero un tratamiento a la angustia siempre es necesario conocerla y explorarla, no sepultarla bajo medicamentos o procedimientos que de alguna manera la cortan, pero ello en nada nos asegura que no vaya a volver en el futuro o que aparezca de otra manera.

La angustia, por molesta e incómoda que sea (puede llegar a ser necesario combinar el tratamiento terapéutico con la medicación en alguna fase) es algo que hay que abrir para poder ir averiguando, desentrañando y deshaciendo los nudos de nuestra historia que la provocan.

Alguien puede sentirse muy angustiado por causas casi opuestas a las que angustian y mortifican a otra persona, el sufrimiento y sus causas son algo muy personal e idiosincrásico. Por eso mi opción no es la de los enfoques que implican una misma propuesta de tratamiento o de solución para todas las personas, cuando vemos que las causas de su sufrimiento pueden ser casi opuestas.

Una cosa es un alivio -temporal- de la ansiedad y otra muy distinta es poder hablar de una modificación, un aprendizaje dentro de la persona que ha permitido que esta angustia pase a ser otra cosa. En mi opinión muchos procedimientos que pueden ofrecer este alivio, pretenden que se trata de una curación, cuando para ello requeriremos de un procedimiento que vaya mucho más al fondo y la médula de la persona.

De manera general, nadie va a encontrar la curación otorgada por otro y desde fuera, es uno mismo, acompañado y guiado por una persona experta quien va moviendo los engranajes internos necesarios para el cambio:  más rápido o más lento, cada uno tiene su tiempo.

En los últimos tiempos proliferan decenas de procedimientos supuestamente terapéuticos de lo más variopinto y curioso que prometen rápidos y fantásticos progresos a las personas. Desde mi posición me pregunto si eso es posible o no es más bien ilusorio.

Opino que aquellos enfoques que se plantean como ultra-rápidos, de éxito asegurado, curación inmediata, cien por cien sencillos, que no implican a la persona cuestionarse cosas profundas y de calado... prometen cosas que muy difícilmente van a poder cumplir; casi diría yo que si la cuestión fuese tan sencilla como la pintan la propia persona consultante la habría resuelto por ella misma sin necesidad de pedir ayuda.

Más bien diría que este tipo de enfoques tienen que ver con no acabarse de meter en el fondo del asunto, como si fuera más bien una mano de pintura que una reforma integral, cuando una casa puede necesitar realmente una reparación importante.

El proceso de curación, lógicamente implica que la persona que pide ayuda porque sufre formula una demanda en forma de pregunta para saber que le está pasando; esa es la pregunta que hay que dejar abierta (aunque pueda ser por momentos molesta), y que será el inicio y el motor de los hilos de los que hay que ir tirando para encontrar cosas diferentes que no sean ese sufrimiento.

Por el camino aparecerán cosas distintas, y la posibilidad de llegar a otro lugar.
Quien no este dispuesto, en la medida de sus posibilidades y tiempos, a iniciar esta exploración, a involucrarse en las propias preguntas y respuestas, probablemente  se encuentre dando vueltas sin dirección sobre su malestar.

Saludos.