domingo, 10 de enero de 2021

Hablemos de sexo

El sexo como muestra de las posibilidades del ser humano ha ido cambiando con el discurrir de los tiempos. En este sentido todo alrededor de la experiencia sexual ha cambiado: su concepción inicial cada vez más desligada de manera exclusiva de los valores de la procreación, los diferentes valores que hay alrededor, los significados que se otorgan a dicha experiencia, o la pluralización de posibilidades que amplían mucho más de aquello que se considera posible y válido dentro del campo de la esfera sexual.


No obstante en su núcleo sigue siendo una experiencia íntima, la más personal e individual, ante la que todos nos sentimos desnudos, valga la redundancia, y que expresa entre otras muchas cosas, nuestra vulnerabilidad y nuestros miedos.


Es cierto que la vivencia y la expresión de la sexualidad no hace muchos años estaba mucho más marcada, pautada y constreñida dentro de aquello que se consideraba aceptable o válido en este campo, mientras que actualmente existe una mayor libertad y una apelación a la responsabilidad individual, que cada uno puede aprovechar o no, para vivir de manera más autónoma está dimensión tan importante de la persona.


El sexo es para vivir y para relacionarse con la vida y con las personas, no para mantenerlo en una vitrina cerrada a cal y canto y observarlo de manera temerosa. Con nuestra sexualidad podemos hacer muchas cosas buenas o malas para nuestro desarrollo, esto queda hoy en día más bajo el criterio y la responsabilidad de cada cual: como comenté hemos pasado a un modelo de una sexualidad más controlada e impregnada por unos valores más férreos a una visión más plural y libre que nos debe hacer responsabilizarnos mucho más de manera individual de la salida que damos a esta esfera de nuestra vida.


Al final se trata de un acuerdo entre personas para compartir un encuentro, dentro de una relación de pareja o no, dentro de las maneras y los convencionalismos acostumbrados o descubriendo una manera de satisfacerse más singular.


Pocas experiencias tan intensas y potencialmente agradables como la de estar prendido por un deseo que eriza todos los poros de nuestro cuerpo.


Para el sexo y la satisfacción sexual no hay fórmulas ni a prioris, cada uno debe emprender el camino de descubrir, conquistar, lanzarse... a su propia sexualidad. El sexo no es un fin, -amén del propio de la procreación elegida como proyecto de vida- es una necesidad tanto como una herramienta que el ser humano tiene para relacionarse con los otros, para expresar sus afectos y para dar cuenta de lo que lleva dentro; así como también, según el momento en el que esté cada uno, para ser un elemento de relaciones importantes y/o formar parte de una convivencia o de una relación de pareja que implique un proyecto familiar.


Es por ello que es interesante que esa dimensión pueda ser saludable y que los términos de la vivencia sexual entre las personas implicadas se rijan por la comunicación de las necesidades y preferencias de los participantes en cada encuentro más que de normas o estándares morales universales, religiosos...


Lo único común y universal en el sexo es el respeto por quien sea el compañero/a/os/as sexual/es y que el encuentro nazca de la libre voluntad de tenerlo sin más interés que el propio deseo sexual.


Cuanto más se pueda poner el sexo en palabras más se teñirá, como experiencia global, de otras dimensiones de uno mismo para dejar de ser algo extraño o atemorizante. Es por ello que me parece fundamental hablar de y sobre el sexo.


Cuando esa experiencia, según las posibilidades de cada cual, sigue estando constreñida y teñida por los miedos y las limitaciones, podemos estar hablando de una limitación personal, tal como puede serlo una limitación en la esfera social, emocional… Aun así, hay que ser cuidadoso y respetuoso, dado que cada cual vive la sexualidad que mejor se ajusta a las posibilidades y maneras de ser propias. No podemos decir que haya una manera mejor que otra: la mejor es la que le va bien a cada uno y le sirve para vivir, relacionarse y encontrar satisfacción.


En conclusión, el sexo es para vivir(lo).


domingo, 3 de enero de 2021

¿Sufres por lo incontrolable?

En aquello que hacemos subyacen nuestras expectativas y se proyectan nuestros anhelos de manera inevitable, aunque habitualmente ni siquiera seamos conscientes de ello.  Además la sociedad actual nos vende de manera creciente un poderlo todo y poderlo sin demora, cosa que tal vez nos educa en unas altas expectativas y en tener menor capacidad para esperar cuando queremos conseguir algo. 

El choque entre esas expectativas y lo que creemos obtener de la vida puede suponer una colisión difícil de manejar, cosa que también podemos aplicar a las relaciones humanas y a lo que esperamos y obtenemos de ellas. 

Por mucho que nos esforcemos, hay una verdad incómoda de la vida, y es que por encima de nuestras metas, objetivos y expectativas, lo que realmente ocurre en realidad, es que mayormente vamos reaccionando a lo que va sucediendo, en mucha mayor medida que poder desarrollar un plan que se pueda ejecutar de una manera precisa sin ninguna sorpresa; esa realidad no pertenecería a las posibilidades de la esfera humana.

La vida se vive en presente y, aunque pensemos en el largo plazo, nada nos asegura que las cosas vayan a darse conforme a como son nuestras expectativas, a veces lo que nos sucede difiere mucho de aquello que pensábamos.

Cuando hacemos en cualquier momento de nuestra vida un balance, a menudo concluimos que nos hayamos en el lugar en el que estamos por una mezcla de decisiones, contingencias y situaciones sobrevenidas, ese es el juego de la vida y dentro de esa corriente y de ese río, hay que saber apreciar y distinguir entre aquellas cosas que efectivamente podemos dirigir y aquellas que no.

La vida es un antídoto contra la rigidez, contra lo ideal y contra lo planeado a priori; no solo es que el cambio es la constante, sino que también es importante hacer un espacio a las contradicciones: a las propias, a las de los otros y a las de la realidad.

En conexión con esta verdad también hay algo de paradójico o de no lineal en el sufrimiento en el sentido de que una experiencia dolorosa y dura sin paliativos, a veces permite acceder a aprendizajes y a sentimientos o niveles de la vida que de otra manera tal vez no hubiéramos podido descubrir. Ciertamente la primera lectura de algo que nos parece difícil o traumático en primera instancia, puede ir teniendo otras lecturas más largas y reposadas que muestren que de valioso nos han permitido ubicar aunque haya sido pasando por la puerta del sufrimiento de manera inicial.

A menudo el control y la rigidez es una manera de tratar de obtener algo de seguridad imaginaria en un mundo en el que la seguridad total no es posible, y por querer asegurar quedamos encerrados en  nosotros mismos y quedamos fuera de la posibilidad de vivir lo más hermoso de la vida, aquello que ocurre de manera espontánea.

Muchas de las dificultades de manejarse con la vida, incluso trastornos, tienen algo que ver con un no estar preparado, no poder soltar determinadas coordenadas muy fijas que sentimos que nos anclan a la realidad, o que nos dan seguridad, cuando en realidad más bien nos encierran en una ilusoria jaula donde apenas hay espacio para respirar o moverse ni circula el aire fresco. Peor es cuando quien se encierra en ese lugar, pretende tirar las llaves, quedando encerrado en un lugar que donde apenas se vive.

Asumir que tenemos mucho menor control de las cosas que aquel que anhelaríamos es un doloroso aprendizaje, ya que nuestra arquitectura mental y emocional nos hace indefectiblemente generar unas mayores expectativas de posibilidad de control que las efectivamente existen. Ir desgajándose de esa ilusión universal implica poder hacer los duelos necesarios para ir asumiendo esta situación, cosa que permite también liberarse del peso ilusorio de que todo dependa de nosotros para ser un elemento más en un mundo en el que no estamos solos. 

La vida no se puede vivir solo de manera mental sino que se vive en la realidad y en aquello que nos hacen sentir las circunstancias y las relaciones con otras personas.

Lo que obtenemos puede ser significativo e importante para nosotros, pero no puede ser pensado, predicho o ideado a priori, nadie sabe como llegará, ni como será el camino, ni sus curvas o rectas en el recorrido.

domingo, 22 de noviembre de 2020

¿Se aprende a amar?

Pensar acerca de nuestro historial sentimental, con sus aciertos y fracasos, nos puede proporcionar un interesantísimo saber sobre nosotros mismos, especialmente respecto de cuales son nuestras posibilidades y limitaciones respecto de las relaciones de pareja -incluso si decidimos no tenerlas-, y para saber qué es lo que nos viene bien o nos viene mal respecto de las maneras de hacer del otro como pareja potencial.


Sin duda -excepto en aquellas pocas parejas que se encuentran en un momento temprano y construyen un lazo muy fuerte, e incluso a veces, definitivo- lo normal es que pasemos por diferentes experiencias y posiciones afectivas y sentimentales a veces más satisfactorias, a veces más dolorosas y/o traumáticas y por diferentes rupturas y crisis sentimentales que tienen que ver con manejarse y crecer en los que a las relaciones de pareja respecta.


Estas rupturas, que dejan a veces heridas muy dolorosas que necesitan tiempo para recuperarse, constituyendo un camino de rosas y espinas, cicatrices y costurones hasta que una persona ha conseguido la madurez suficiente para consolidarse y mantenerse en pareja de manera más o menos indefinida, o al menos, para saber crear los fundamentos para una relación que intente vertebrar un proyecto conjunto, en el que habrá momentos complejos y también retos como pareja.


Hay perfiles de todos los tipos, desde las persones que repiten un patrón muy concreto, persona tras persona, escenificando los mismas dificultades en una relación tras otra, como aquellas que han pasado situaciones muy traumáticas de pareja, pero han conseguido trascender y superar las dificultades pasadas, consiguiendo que estas no afecten en nuevas vinculaciones, a partir de un trabajo personal interno y de conocerse a uno/a  mismo, sea de manera intuitiva o con ayuda profesional si es necesario.


En mi opinión, los primeros tiempos de constitución de una pareja -esa fase donde se crean muchas expectativas de manera casi automática, se ponen en juego los ideales, las necesidades, las expectativas y se depositan muchas cosas en el otro- son fundamentales para saber con que grado de realismo y madurez podemos emprender una relación de pareja.


Es habitual que cuanto mayores sean nuestras carencias y limitaciones personales, de manera más inconsciente y ligera demos nuestro corazón y depositemos en otro muchas cosas de las que deberíamos hacernos cargo siempre nosotros mismos, perdiendo la posibilidad de establecer límites saludables.


Esa maduración lenta ofrece la posibilidad de continuar adelante con la humildad de saber lo que somos y cuales son nuestras limitaciones -conocerse a uno mismo-.


De manera inicial, pasados unos primeros tiempos de acople afectivo y sexual, y de un inicio de conocimiento más profundo; si no coincidimos en lo que queremos de ahí en adelante y en lo podamos definir como un proyecto común que satisfaga suficientemente a ambos, tenemos ya un síntoma de que es poco probable poder construir algo sólido.


En fases más maduras del recorrido de una pareja, el sexo siempre es un termómetro de la salud emocional de la pareja. Si no hay deseo ni manera de despertar y indagar en los deseos del otro -y eso siempre tiene que ver con la sexualidad, con sus variantes a lo largo de una relación y del momento vital de cada persona- nos podemos encontrar con relaciones fosilizadas, más basadas en la comodidad pero en las que es difícil poder encontrar algo realmente vivo.


En una relación de dos personas que deciden estar juntas para compartir libremente un proyecto de pareja, es esencial saber encontrar vías para lo que no funciona en cada uno, y entre los dos como pareja: saber discutir y enfadarse de manera adecuada como mecanismo de ir resolviendo y aligerando de una manera sostenible y no demasiado dolorosa las tensiones que existen en todas las parejas.


Otra dimensión que es muy importante, especialmente en los momentos difíciles, es estar dispuesto y saber cómo integrar los puntos débiles del otro, sin apuntar ni acusar. Seguramente si con el conocimiento del otro los hemos ido aceptando -todos los tenemos- podamos hacer algo con lo que no nos gusta y con las limitaciónes de nuestra pareja que vaya más allá del par antitético resignarse-atacar-.


Como en todas las parejas, la evolución común y de cada uno de sus miembros suele necesitar que se afronten y se habrán determinadas crisis, que pueden determinar una vinculación más sólida, o por el contrario, la necesidad de cambios o incluso de separarse. El hecho de querer negar esas crisis con su dolorosa elaboración, es sin duda el peor de los remedios, ya que nos impide percibir que cambios son necesarios.


Uno se presenta ante una posible pareja lleno de cicatrices (a veces heridas abiertas), pero con una propuesta más filtrada, más elaborada, en tanto en cuanto se conoce mejor a si mismo, después de todo este proceso.


Por lo tanto, en mi opinión, una vida llena de matices sentimentales, alegrías y decepciones, proporciona generalmente mayor experiencia para saber manejarse en las relaciones, fruto de ese aprendizaje sobre cómo amar.







  


sábado, 4 de julio de 2020

RUPTURAS DE PAREJA: "EL COMO"

Solo lo que sentimos y lo que nos hace sentir la compañía y la convivencia con nuestra pareja puede determinar si decidimos continuar dando pasos adelante en el viaje compartido,  o por contra  hay que replantearse cambiar y negociar nuevos acuerdos; o bien cuando tenemos claro lo que sentimos, poner punto y final lo mejor posible a la relación.

En este post me estoy refiriendo a aquellas relaciones en las que ha primado mayormente el respeto y el trato satisfactorio entre las partes durante la mayor parte del tiempo, no a otro tipo de relaciones más turbulentas, que por desgracia, también son frecuentes.

En primer lugar, debemos reconocer, que no siempre somos capaces de cumplir lo que creemos poder prometer o poder realizar, tal vez porque en momentos de la relación más iniciales se nos abre un abanico de muchas expectativas y ilusiones; ese viene determinado por el momento de cada uno y su historia personal y sentimental y también por las propias carencias de cada uno.

Ahora bien, cuando uno promete mucho, y tira de la otra persona para que esta vaya logrando un mayor compromiso, y esta accede a ir dando más, pueden aparecer sentimientos muy complejos de elaborar de rabia, decepción y desengaño, cuando aquel que más ha tirado, se retira sin demasiada explicación, sobre todo cuando es muy repentino y no queda bien construido e historiado para la parte que es dejada.

Por supuesto hay que asumir las decisiones, en este caso de dejar una relación, que toma cada persona, en el momento en que esta libremente lo decida.

Ahora bien, a veces es casi más importante el como que la propia ruptura. 

Si la persona que deja al otro después de haberlo azuzado, a veces de manera insistente; no entiende que esta ahora necesita de un proceso de duelo, dado que se ha vinculado y ha ido entregando de la mejor manera que podía -seguramente también haciendo frente a sus dificultades y posibilidades- el cierre se complica.

La persona dejada puede tener la dolorosa sensación de haber sido convocada a unas expectativas que abruptamente se cortan y se terminan sin que haya nada que pueda explicarlo demasiado.

Puede deberse a los fallos y temas internos por resolverse de la persona que deja, pero aún así, uno, aunque tenga muy claro que no quiere continuar, y esa es la máxima que todos deben respetar, debe tener en cuenta que sus actos y comportamientos afectan a los demás, y que según sean estos, las persona dejada se puede sentir acompañada y más o menos triste, o abandonada, decepcionada y dolida, si quien hubo de prometer y construir desaparece de repente sin acompañar ni un poco a la persona dejada en el proceso de duelo.

Bastaría con disculparse, reconocer que no es estaba preparado, que se depositaron demasiadas expectativas, que no prendió la llama tanto como se había pensado... Pero me parece fundamental tratar con mucho cuidado lo que el otro que ha ido profundizando nos ha entregado, dado que ha sido valiente y se ha comprometido a ir dando lo más delicado de su ser. Hacerle llegar que, aunque sea duro aguantar el tipo ante su decepción y dolor,  reconocemos su decepción y que quizás la persona que deja en este caso no ha estado a la altura, y que la consideración y el respeto que se siente hacia la persona a la que se instó a iniciar un proyecto es muy importante, e importante también lo que se ha compartido juntos.

También creo que es necesario que el que ha abandonado, si desea una relación de amistad, deberá ganarse la confianza de nuevo de la persona dejada ten repentinamente, dado que cortando de golpe y sin ni siquiera acompañar un poco así se quiebra la confianza esencial que se tiene en la persona, que tal vez días atrás se despedía del abandonado con un sonoro "t'estimo molt" y sin rastro de dudas para el otro.

De no hacerlo así, queda toda la tarea por construir en solitario para la persona dejada, que por supuesto, siente que sus sentimientos le son absolutamente indiferentes al otro, y duda de lo que en realidad compartieron aunque pareciera sincero en aquel momento.

Hay quien aparece después, cuando ya ha pasado la tormenta, habitualmente por no tener la valentía de sostener las reacciones de dolor del otro, totalmente necesarias, y vuelve a aparecer como si nada hubiera pasado, después de no haber querido hacerse cargo de nada de lo que implicaron sus -respetables- decisiones.

Borrarse del sufrimiento del otro, no escuchar, acompañar, hace sentir al que es dejado que no le importa nada a la otra persona, ni siquiera para preocuparse por ella un poco. En mi opinión es una muestra de egoísmo de falta de valor, de cobardía, que nos hace dudar si realmente la persona que estuvimos conociendo era quien pensábamos

Quién va a poder querer confiar en una persona así para una amistad?

Pues NADIE, a no ser que haya un proceso de enmienda y de hacer sentir a la persona dejada que se valora mucho su amistad


miércoles, 22 de abril de 2020

sexo en los tiempos del coronavirus

La situación de confinamiento ha alterado la vida sexual de muchas parejas, y también la de aquellas personas que no teniendo pareja con la que convivan, no pueden optar a conocer gente como lo podían hacer habitualmente, con la lógica reducción de la posibilidad de encontrase sexualmente con otras personas.
El sexo es una parte esencial de la vida, que tal vez en esta situación se está resintiendo mucho. Lógicamente, la preocupación y la situación de angustia y estrés por diversos factores minan la posibilidad de disfrutar de la sexualidad en plenitud, aun teniendo una pareja dispuesta y cerca.
Tal vez en una situación socialmente excepcional como esta, sea interesante también plantearse que otras posibilidades nuevas y alternativas tenemos para mantener nuestra vida sexual en marcha como sujetos que desean y se desean, siempre que implique cuerpos que se encuentran desde el respeto y establecen sus propias normas para ese encuentro, sea virtual, real...
Nuevas alternativas a nivel sexual pueden suponer encontrar alicientes en una situación de excepción y alarma y abrir nuevas puertas diferentes de las que podemos usar de manera habitual, en una situación en la que es difícil expresarse a nivel sexual.
Muchas personas afrontan un stand by, una paralización de muchos componentes habituales e importantes de sus vidas, por lo que es necesario encontrar nuevas fuentes que relancen nuestro deseo como personas, y por ende,que relancen el deseo sexual, una vida regida por el deseo en sus diferentes dimensiones es sin duda una de las mejores maneras que tenemos para afrontar la vida. Una situación excepcional puede requerir de respuestas diferentes en los diferentes ámbitos, que tal vez no consideraríamos de encontrarnos en nuestra situación habitual.
Opciones como los juguetes sexuales, el sexo virtual, las páginas de contactos, innovar en las prácticas sexuales entre aquellos amantes que conviven juntos... pueden abrir la puerta a que este sea un estímulo para atravesar una etapa como esta, marcada por la incertidumbre.
Todo ello para no claudicar en nuestro compromiso como seres deseantes -del que la sexualidad es un parte importante- como manera de reivindicar una posición ética marcada por el compromiso con lo que realmente queremos -incluso en situaciones excepcionales- huyendo del estereotipo de lo políticamente correcto y según la moral particular que los amantes compartan.
El sexo, cuando no es autoerótico, es un acuerdo privado entre dos o más donde nadie tiene porque meterse  mientras se haga desde la consideración y el respeto. El ser humano es absolutamente libre para determinar aquello que le satisface ya que el objeto de la sexualidad humana no está predeterminado, como sucede con los animales. La búsqueda de la propia satisfacción y deseo no puede estar amortajada por una moral rígida, pero siempre debe tener en cuenta los derechos de los demás, aunque también se vea modificada por los devenires sociales y su impacto.

lunes, 30 de marzo de 2020

Redes sociales y basura virtual en tiempo del Coronavirus

En este momento extraordinario en el que nos encontramos parece que mucha gente está, de manera lógica, mucho más pendiente de las redes sociales, los foros de internes o el móvil, casi como forna exclusiva de estar conectado con la actualidad, con sus seres queridos o como forma de expresar sentimientos, vivencias u opiniones.

En este sentido cabe destacar que sabemos que las redes sociales no son ese lugar idílico y seguro a que nos permite contactar con nuestros seres queridos, sino más bien una jungla en la -como mínimo- somos presionados a nivel publicitario y de tratamiento y explotación de nuestros datos personales; en otros casos los riesgos son muchos mayores.

No solo se trata de poder encontrar aspectos de los más desagradables del ser humano vertidos en la red en forma de ataques u opiniones, sino que esta tiene sus propios riesgos específicos de crimen y seguridad. Mención aparte merecen las herramientas de desinformación y control social que algunos sectores relacionados con distintos poderes utilizan de acuerdo a sus intereses (bots, trolls...)

Dicho todo esto me gustaría centrarme en el uso que el usuario medio hace de los redes sociales y el impacto que puede tener eso en los demás. Me sorprende en gran medida el uso que no pocas personas hacen de las redes como una manera de sacar lo peor que tienen dentro: vomitar, descalificar, despreciar y o tratar de humillar a gente que  a menudo no ha hecho nada para provocar tal reacción.

En mi opinión, y no soy jurista, la libertad de expresión tiene un recorrido amplio para poder expresar todas nuestras opiniones personales, políticas... sin que por ello incurramos de manera sistemática en tratar de destruir al otro.

Sucede que las consecuencias de nuestros actos tal vez se infravaloran en un entorno tan global y enorme, impersonal y a menudo también anónimo. No solo se trata de malas intenciones. En estas semanas y en relación con la pandemia del coronavirus, miles de personas, de manera ingenua e involuntaria, están haciendo circular información falsa y malintencionada en relación con la crisis que estamos viviendo. A veces las consecuencias de este fenómeno son letales, como ha ocurrido en Irán  y en otros países en relación al consumo de metanol como remedio para el coronavirus. Es decir, cabe plantearse que solo el hecho de hacer circular información, sin tomarse la molestia de contrastarla, puede convertirnos en eslabones, sin pretenderlo, de una cadena mortífera.

Daría la impresión que la red es a menudo un gran basurero donde se vuelcan aquellas frustraciones y carencias que uno no sabe resolver de otro modo. Efectivamente eso cumple una función psicológica esencial, pero no es responsabilidad de los otros aguantar las detritos sin filtrar de los otros: cada cual tiene que hacerse cargo de sus propios desperdicios psicológicos.

Pienso que debería de implementarse algún mecanismo en las redes donde cada uno deba de responder por sus actos y por aquello que vierte en las redes sociales, foros... dado que pienso que hay cosas que no deberían ser admisibles.

En esta crisis son vitales los medios de comunicación, las redes sociales y las posibilidades de interacción, entretenimiento, trabajo... que nos proporciona internet, para disminuir la sensación de aislamiento vital, pero es cierto que me planteo que hay personas a las que les deberían cortar el servicio por el peligro psicológico que suponen para los otros.

Una cierta consciencia de que somos seres sociales y que nuestras acciones afectan a los otros podría ser un paso para concienciar de un uso menos lesivo de los recursos virtuales.


lunes, 16 de marzo de 2020

Cuarentena: su impacto en la vida cotidiana

Todos nos enfrentamos en estos días a una situación inédita en nuestras vidas, que cambia temporalmente de manera radical nuestros hábitos, rutinas, y modos de vida, además de someternos a un estresor -virus- que no está fácilmente bajó nuestro control.

A parte de todas la reflexiones posibles y las muchas miradas -sanitarias, económicas, sociopolíticas- que podemos tomar sobre la pandemia que nos está afectando, lo más probable es que para la mayoría de las personas sea un cambio abrupto, pero pasajero en su estilo de vida, que no tiene porqué tener consecuencias en el futuro.

Este cambio se va a caracterizar por la necesidad de restringir la actividad en gran medida y tener que pasar mucho tiempo confinados en casa, y esto puede generar consecuencias y efectos, dado que la gran mayoría de la población no estábamos preparados mentalmente para una situación así, especialmente por lo abrupto de esta, aunque el virus ya formada parte de la actualidad informativa.

Las tensiones comunes que podemos enfrentar:

Para la gran mayoría de la población, el problema -a parte de las consecuencias, esperemos que nulas, del impacto del virus en el propio grupo familiar- será como manejar todo esa nueva organización de la vida diaria, con restricción de la actividad y mucho tiempo libre, para evitar el surgimiento de angustias, tedio, agresividad...

De manera general, para población sana, el hecho de estar confinados en casa puede generar dificultades de adaptación como:

-Los problemas lógicos derivados de estar bajo una situación de peligro no fácilmente evaluable ni controlable, que pueden afectarnos a nosotros o a las personas importantes para nosotros.

-Incertidumbre de tipo económico sobre como afectará al propio trabajo y ingresos esta crisis sanitaria, si vira a crisis económica y social.

-Roces y crisis familiares por la convivencia forzada. Discusiones de pareja, conflictos intergeneracionales, tensiones que afloren; dado que todos estamos más nerviosos, convivimos en un espacio más pequeño y tenemos mayor contacto en una situación no deseada.

-Surgimiento de conflictos y carencias psicológicas, más o menos compensados con nuestra actividad diaria habitual, que emergen al no tener las barreras y defensas psicológicas de la cotidianidad: estamos más solos ante nuestros miedos, ante nosotros mismos y nuestras carencias, de manera que pueden ir abriéndose paso cosas que tenemos más al fondo de la mente -a veces porque hacemos un gran esfuerzo en mantenerlas relegadas ahí-

Algunas recomendaciones:

Creo que es muy importante mentalizarse del estado de alarma y excepción en el que estamos, saber que será pasajero, y contextualizar aquellas dificultades o tensiones (no sanitarias) que nos vayan surgiendo, para valorarlas en su justa medida; es momento de permitirse que surjan cosas, no juzgarse demasiado duramente, relajar los ritmos, saber soportar que el aburrimiento puede ser el mínimo común necesario, y saber renunciar a prioridades, hábitos o rutinas -individuales y/o individualistas- que generalmente tenemos, para preservar nuestra salud individual y común.

Esta situación nueva requiere de una reflexión y una adaptación personal, de manera que veamos nuestra vida alterada en la menor manera posible, pero respetando el enfoque colectivo de protección de la salud.

Algunos aspectos que pueden ser interesantes para atravesar esta situación son:

-Establecer medidas de protección y prevención adecuadas. Mantenerse informado a través de los organismos oficiales y por los medios de comunicación más importantes. Racionalizar el consumo que realizamos de manera general, sin elementos superfluos ni una reducción alarmista. Ser crítico con el uso de las redes sociales y no contribuir a difundir información falsa o dañina.

-Organización; establecer rutinas y un cierto horario, tratar de establecer pequeños objetivos y proyectos para el ahora y para el después de esta situación, tratando de ocupar a toda la familia.

-Centrarse en objetivos más internos y reflexivos, hacer una reordenación interior surgida del contacto con aspectos psicológicos internos. Dar tiempo y lugar a todos aquellos aspectos personales de reflexión, para los que normalmente no encontramos tiempo.

-Poder poner de relevancia el valor colectivo y social que tiene el hecho de estar comprometido y aceptar y cumplir las nuevas normas que se están tomando, como un  pequeño sacrificio social necesario, y también valorar que es lo que podríamos aportar nosotros a nivel colectivo para esta situación, donde puede caber la solidaridad con aquello que lo están pasando peor que nosotros.

Una mirada colectiva:

Ahora más que nunca es necesario tener en cuenta las diferentes situaciones sociales, que tal vez no son las mismas que personalmente estamos viviendo, especialmente si nosotros somos jóvenes y estamos  sanos; tales como problemas derivados de personas que están solas o enfermas, derivados de la falta de contacto humano o ayuda básica; las dificultades básicas en la vida diaria en personas dependientes, discapacitadas, sin hogar, con una enfermedad mental grave...

Es necesario descentrarse del enfoque estrictamente individual -aquel que predomina en las redes sociales, con comentarios y apreciaciones que rozan a menudo la insensibilidad- para poder valorar como lo están pasando otros colectivos que de manera cotidiana nos quedan mentalmente lejanos y que sufrirán más que nosotros esta situación.

En mi opinión, esta situación puede hacer consciente a mucha gente de aspectos dolorosos a nivel social (la enfermadad, la probreza, la vejez...) lo que nos puede hacer más permeables a las situaciones de necesidad que vive mucha gente, o bien puede encerrarnos en una burbuja individualista e insolidaria. Cada uno responderá en función de sus posibilidades.
Es interesante como parece que mucha gente se está planteando, más allá de mantener su propia salud y la de la propia familia, como contribuir al bienestar común, aspecto que generalmente no está encima de la mesa de manera habitual.