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viernes, 15 de abril de 2016

Vivir

De mis reflexiones personales y profesionales sobre las posibilidades y el sentido de la terapia psicológica, pienso que una definición interesante es que esta cuando se lleva adelante de la manera adecuada y durante el tiempo adecuado, posibilita que las personas vivan.

A menudo consultan muchas personas que tienen diferentes dificultades con el hecho de vivir: personas que se sienten excluidas de la vida, personas que se sienten muertas en vida, personas que no se han podido construir una vida propia o que no viven su vida sino las de otras personas.

A menudo se intercalan muchas cosas complejas con la posibilidad de vivir. Vivir implica siempre cambios, incertidumbres -nadie puede controlar la vida y esto nos recuerda la radical impotencia del ser humano para controlar su destino, algo que llevamos mal, o muy mal en según que casos-, ganancias y pérdidas... que hacen que vivir y estar presente afrontando lo que traiga la propia vida se haga enormemente complicado para muchas personas y que uno mismo, desde los primeros años de la vida se construya cárceles mentales, se enrede en según que lugares más o menos al margen de la vida, al objeto de encontrar un imaginario lugar ideal donde todo estará seguro y no habrá riesgo.

Tristemente, la seguridad absoluta no existe, y uno hipoteca su vida en aras de algo que ni existió, ni existe, ni existirá en el futuro, y que no es más que el anhelo infantil de un lugar en el que estemos a resguardo y protegidos de todo, donde estén todas las respuestas y podamos lograr todo, sin incertidumbre ni dolor. Con esa esperanza, que no se puede cumplir, nos perdemos lo que de verdad la vida puede ofrecernos y aportarnos.

El vivir a que me refiero tiene que ver con poder afrontar las cosas buenas y malas que trae la vida, tener la capacidad de elaborar los duelos necesarios, poder implicarse y comprometerse con aquello que sea necesario, sin tener la seguridad de como será el recorrido y cuales serán los resultados: vivir de acuerdo a las reglas de la propia vida, que nadie puede cambiar.

El desbloqueo y desarrollo de estas posibilidades, aunque parten de la aceptación de las limitaciones de la vida y de la asunción de aquellas cosas que no se pueden lograr, trae la capacidad de disfrutar, del trabajo, de las relaciones y de diferentes elementos que la vida  puede ofrecer.