domingo, 22 de noviembre de 2020

¿Se aprende a amar?

Pensar acerca de nuestro historial sentimental, con sus aciertos y fracasos, nos puede proporcionar un interesantísimo saber sobre nosotros mismos, especialmente respecto de cuales son nuestras posibilidades y limitaciones respecto de las relaciones de pareja -incluso si decidimos no tenerlas-, y para saber qué es lo que nos viene bien o nos viene mal respecto de las maneras de hacer del otro como pareja potencial.


Sin duda -excepto en aquellas pocas parejas que se encuentran en un momento temprano y construyen un lazo muy fuerte, e incluso a veces, definitivo- lo normal es que pasemos por diferentes experiencias y posiciones afectivas y sentimentales a veces más satisfactorias, a veces más dolorosas y/o traumáticas y por diferentes rupturas y crisis sentimentales que tienen que ver con manejarse y crecer en los que a las relaciones de pareja respecta.


Estas rupturas, que dejan a veces heridas muy dolorosas que necesitan tiempo para recuperarse, constituyendo un camino de rosas y espinas, cicatrices y costurones hasta que una persona ha conseguido la madurez suficiente para consolidarse y mantenerse en pareja de manera más o menos indefinida, o al menos, para saber crear los fundamentos para una relación que intente vertebrar un proyecto conjunto, en el que habrá momentos complejos y también retos como pareja.


Hay perfiles de todos los tipos, desde las persones que repiten un patrón muy concreto, persona tras persona, escenificando los mismas dificultades en una relación tras otra, como aquellas que han pasado situaciones muy traumáticas de pareja, pero han conseguido trascender y superar las dificultades pasadas, consiguiendo que estas no afecten en nuevas vinculaciones, a partir de un trabajo personal interno y de conocerse a uno/a  mismo, sea de manera intuitiva o con ayuda profesional si es necesario.


En mi opinión, los primeros tiempos de constitución de una pareja -esa fase donde se crean muchas expectativas de manera casi automática, se ponen en juego los ideales, las necesidades, las expectativas y se depositan muchas cosas en el otro- son fundamentales para saber con que grado de realismo y madurez podemos emprender una relación de pareja.


Es habitual que cuanto mayores sean nuestras carencias y limitaciones personales, de manera más inconsciente y ligera demos nuestro corazón y depositemos en otro muchas cosas de las que deberíamos hacernos cargo siempre nosotros mismos, perdiendo la posibilidad de establecer límites saludables.


Esa maduración lenta ofrece la posibilidad de continuar adelante con la humildad de saber lo que somos y cuales son nuestras limitaciones -conocerse a uno mismo-.


De manera inicial, pasados unos primeros tiempos de acople afectivo y sexual, y de un inicio de conocimiento más profundo; si no coincidimos en lo que queremos de ahí en adelante y en lo podamos definir como un proyecto común que satisfaga suficientemente a ambos, tenemos ya un síntoma de que es poco probable poder construir algo sólido.


En fases más maduras del recorrido de una pareja, el sexo siempre es un termómetro de la salud emocional de la pareja. Si no hay deseo ni manera de despertar y indagar en los deseos del otro -y eso siempre tiene que ver con la sexualidad, con sus variantes a lo largo de una relación y del momento vital de cada persona- nos podemos encontrar con relaciones fosilizadas, más basadas en la comodidad pero en las que es difícil poder encontrar algo realmente vivo.


En una relación de dos personas que deciden estar juntas para compartir libremente un proyecto de pareja, es esencial saber encontrar vías para lo que no funciona en cada uno, y entre los dos como pareja: saber discutir y enfadarse de manera adecuada como mecanismo de ir resolviendo y aligerando de una manera sostenible y no demasiado dolorosa las tensiones que existen en todas las parejas.


Otra dimensión que es muy importante, especialmente en los momentos difíciles, es estar dispuesto y saber cómo integrar los puntos débiles del otro, sin apuntar ni acusar. Seguramente si con el conocimiento del otro los hemos ido aceptando -todos los tenemos- podamos hacer algo con lo que no nos gusta y con las limitaciónes de nuestra pareja que vaya más allá del par antitético resignarse-atacar-.


Como en todas las parejas, la evolución común y de cada uno de sus miembros suele necesitar que se afronten y se habrán determinadas crisis, que pueden determinar una vinculación más sólida, o por el contrario, la necesidad de cambios o incluso de separarse. El hecho de querer negar esas crisis con su dolorosa elaboración, es sin duda el peor de los remedios, ya que nos impide percibir que cambios son necesarios.


Uno se presenta ante una posible pareja lleno de cicatrices (a veces heridas abiertas), pero con una propuesta más filtrada, más elaborada, en tanto en cuanto se conoce mejor a si mismo, después de todo este proceso.


Por lo tanto, en mi opinión, una vida llena de matices sentimentales, alegrías y decepciones, proporciona generalmente mayor experiencia para saber manejarse en las relaciones, fruto de ese aprendizaje sobre cómo amar.







  


sábado, 4 de julio de 2020

RUPTURAS DE PAREJA: "EL COMO"

Solo lo que sentimos y lo que nos hace sentir la compañía y la convivencia con nuestra pareja puede determinar si decidimos continuar dando pasos adelante en el viaje compartido,  o por contra  hay que replantearse cambiar y negociar nuevos acuerdos; o bien cuando tenemos claro lo que sentimos, poner punto y final lo mejor posible a la relación.

En este post me estoy refiriendo a aquellas relaciones en las que ha primado mayormente el respeto y el trato satisfactorio entre las partes durante la mayor parte del tiempo, no a otro tipo de relaciones más turbulentas, que por desgracia, también son frecuentes.

En primer lugar, debemos reconocer, que no siempre somos capaces de cumplir lo que creemos poder prometer o poder realizar, tal vez porque en momentos de la relación más iniciales se nos abre un abanico de muchas expectativas y ilusiones; ese viene determinado por el momento de cada uno y su historia personal y sentimental y también por las propias carencias de cada uno.

Ahora bien, cuando uno promete mucho, y tira de la otra persona para que esta vaya logrando un mayor compromiso, y esta accede a ir dando más, pueden aparecer sentimientos muy complejos de elaborar de rabia, decepción y desengaño, cuando aquel que más ha tirado, se retira sin demasiada explicación, sobre todo cuando es muy repentino y no queda bien construido e historiado para la parte que es dejada.

Por supuesto hay que asumir las decisiones, en este caso de dejar una relación, que toma cada persona, en el momento en que esta libremente lo decida.

Ahora bien, a veces es casi más importante el como que la propia ruptura. 

Si la persona que deja al otro después de haberlo azuzado, a veces de manera insistente; no entiende que esta ahora necesita de un proceso de duelo, dado que se ha vinculado y ha ido entregando de la mejor manera que podía -seguramente también haciendo frente a sus dificultades y posibilidades- el cierre se complica.

La persona dejada puede tener la dolorosa sensación de haber sido convocada a unas expectativas que abruptamente se cortan y se terminan sin que haya nada que pueda explicarlo demasiado.

Puede deberse a los fallos y temas internos por resolverse de la persona que deja, pero aún así, uno, aunque tenga muy claro que no quiere continuar, y esa es la máxima que todos deben respetar, debe tener en cuenta que sus actos y comportamientos afectan a los demás, y que según sean estos, las persona dejada se puede sentir acompañada y más o menos triste, o abandonada, decepcionada y dolida, si quien hubo de prometer y construir desaparece de repente sin acompañar ni un poco a la persona dejada en el proceso de duelo.

Bastaría con disculparse, reconocer que no es estaba preparado, que se depositaron demasiadas expectativas, que no prendió la llama tanto como se había pensado... Pero me parece fundamental tratar con mucho cuidado lo que el otro que ha ido profundizando nos ha entregado, dado que ha sido valiente y se ha comprometido a ir dando lo más delicado de su ser. Hacerle llegar que, aunque sea duro aguantar el tipo ante su decepción y dolor,  reconocemos su decepción y que quizás la persona que deja en este caso no ha estado a la altura, y que la consideración y el respeto que se siente hacia la persona a la que se instó a iniciar un proyecto es muy importante, e importante también lo que se ha compartido juntos.

También creo que es necesario que el que ha abandonado, si desea una relación de amistad, deberá ganarse la confianza de nuevo de la persona dejada ten repentinamente, dado que cortando de golpe y sin ni siquiera acompañar un poco así se quiebra la confianza esencial que se tiene en la persona, que tal vez días atrás se despedía del abandonado con un sonoro "t'estimo molt" y sin rastro de dudas para el otro.

De no hacerlo así, queda toda la tarea por construir en solitario para la persona dejada, que por supuesto, siente que sus sentimientos le son absolutamente indiferentes al otro, y duda de lo que en realidad compartieron aunque pareciera sincero en aquel momento.

Hay quien aparece después, cuando ya ha pasado la tormenta, habitualmente por no tener la valentía de sostener las reacciones de dolor del otro, totalmente necesarias, y vuelve a aparecer como si nada hubiera pasado, después de no haber querido hacerse cargo de nada de lo que implicaron sus -respetables- decisiones.

Borrarse del sufrimiento del otro, no escuchar, acompañar, hace sentir al que es dejado que no le importa nada a la otra persona, ni siquiera para preocuparse por ella un poco. En mi opinión es una muestra de egoísmo de falta de valor, de cobardía, que nos hace dudar si realmente la persona que estuvimos conociendo era quien pensábamos

Quién va a poder querer confiar en una persona así para una amistad?

Pues NADIE, a no ser que haya un proceso de enmienda y de hacer sentir a la persona dejada que se valora mucho su amistad


miércoles, 22 de abril de 2020

sexo en los tiempos del coronavirus

La situación de confinamiento ha alterado la vida sexual de muchas parejas, y también la de aquellas personas que no teniendo pareja con la que convivan, no pueden optar a conocer gente como lo podían hacer habitualmente, con la lógica reducción de la posibilidad de encontrase sexualmente con otras personas.
El sexo es una parte esencial de la vida, que tal vez en esta situación se está resintiendo mucho. Lógicamente, la preocupación y la situación de angustia y estrés por diversos factores minan la posibilidad de disfrutar de la sexualidad en plenitud, aun teniendo una pareja dispuesta y cerca.
Tal vez en una situación socialmente excepcional como esta, sea interesante también plantearse que otras posibilidades nuevas y alternativas tenemos para mantener nuestra vida sexual en marcha como sujetos que desean y se desean, siempre que implique cuerpos que se encuentran desde el respeto y establecen sus propias normas para ese encuentro, sea virtual, real...
Nuevas alternativas a nivel sexual pueden suponer encontrar alicientes en una situación de excepción y alarma y abrir nuevas puertas diferentes de las que podemos usar de manera habitual, en una situación en la que es difícil expresarse a nivel sexual.
Muchas personas afrontan un stand by, una paralización de muchos componentes habituales e importantes de sus vidas, por lo que es necesario encontrar nuevas fuentes que relancen nuestro deseo como personas, y por ende,que relancen el deseo sexual, una vida regida por el deseo en sus diferentes dimensiones es sin duda una de las mejores maneras que tenemos para afrontar la vida. Una situación excepcional puede requerir de respuestas diferentes en los diferentes ámbitos, que tal vez no consideraríamos de encontrarnos en nuestra situación habitual.
Opciones como los juguetes sexuales, el sexo virtual, las páginas de contactos, innovar en las prácticas sexuales entre aquellos amantes que conviven juntos... pueden abrir la puerta a que este sea un estímulo para atravesar una etapa como esta, marcada por la incertidumbre.
Todo ello para no claudicar en nuestro compromiso como seres deseantes -del que la sexualidad es un parte importante- como manera de reivindicar una posición ética marcada por el compromiso con lo que realmente queremos -incluso en situaciones excepcionales- huyendo del estereotipo de lo políticamente correcto y según la moral particular que los amantes compartan.
El sexo, cuando no es autoerótico, es un acuerdo privado entre dos o más donde nadie tiene porque meterse  mientras se haga desde la consideración y el respeto. El ser humano es absolutamente libre para determinar aquello que le satisface ya que el objeto de la sexualidad humana no está predeterminado, como sucede con los animales. La búsqueda de la propia satisfacción y deseo no puede estar amortajada por una moral rígida, pero siempre debe tener en cuenta los derechos de los demás, aunque también se vea modificada por los devenires sociales y su impacto.

lunes, 30 de marzo de 2020

Redes sociales y basura virtual en tiempo del Coronavirus

En este momento extraordinario en el que nos encontramos parece que mucha gente está, de manera lógica, mucho más pendiente de las redes sociales, los foros de internes o el móvil, casi como forna exclusiva de estar conectado con la actualidad, con sus seres queridos o como forma de expresar sentimientos, vivencias u opiniones.

En este sentido cabe destacar que sabemos que las redes sociales no son ese lugar idílico y seguro a que nos permite contactar con nuestros seres queridos, sino más bien una jungla en la -como mínimo- somos presionados a nivel publicitario y de tratamiento y explotación de nuestros datos personales; en otros casos los riesgos son muchos mayores.

No solo se trata de poder encontrar aspectos de los más desagradables del ser humano vertidos en la red en forma de ataques u opiniones, sino que esta tiene sus propios riesgos específicos de crimen y seguridad. Mención aparte merecen las herramientas de desinformación y control social que algunos sectores relacionados con distintos poderes utilizan de acuerdo a sus intereses (bots, trolls...)

Dicho todo esto me gustaría centrarme en el uso que el usuario medio hace de los redes sociales y el impacto que puede tener eso en los demás. Me sorprende en gran medida el uso que no pocas personas hacen de las redes como una manera de sacar lo peor que tienen dentro: vomitar, descalificar, despreciar y o tratar de humillar a gente que  a menudo no ha hecho nada para provocar tal reacción.

En mi opinión, y no soy jurista, la libertad de expresión tiene un recorrido amplio para poder expresar todas nuestras opiniones personales, políticas... sin que por ello incurramos de manera sistemática en tratar de destruir al otro.

Sucede que las consecuencias de nuestros actos tal vez se infravaloran en un entorno tan global y enorme, impersonal y a menudo también anónimo. No solo se trata de malas intenciones. En estas semanas y en relación con la pandemia del coronavirus, miles de personas, de manera ingenua e involuntaria, están haciendo circular información falsa y malintencionada en relación con la crisis que estamos viviendo. A veces las consecuencias de este fenómeno son letales, como ha ocurrido en Irán  y en otros países en relación al consumo de metanol como remedio para el coronavirus. Es decir, cabe plantearse que solo el hecho de hacer circular información, sin tomarse la molestia de contrastarla, puede convertirnos en eslabones, sin pretenderlo, de una cadena mortífera.

Daría la impresión que la red es a menudo un gran basurero donde se vuelcan aquellas frustraciones y carencias que uno no sabe resolver de otro modo. Efectivamente eso cumple una función psicológica esencial, pero no es responsabilidad de los otros aguantar las detritos sin filtrar de los otros: cada cual tiene que hacerse cargo de sus propios desperdicios psicológicos.

Pienso que debería de implementarse algún mecanismo en las redes donde cada uno deba de responder por sus actos y por aquello que vierte en las redes sociales, foros... dado que pienso que hay cosas que no deberían ser admisibles.

En esta crisis son vitales los medios de comunicación, las redes sociales y las posibilidades de interacción, entretenimiento, trabajo... que nos proporciona internet, para disminuir la sensación de aislamiento vital, pero es cierto que me planteo que hay personas a las que les deberían cortar el servicio por el peligro psicológico que suponen para los otros.

Una cierta consciencia de que somos seres sociales y que nuestras acciones afectan a los otros podría ser un paso para concienciar de un uso menos lesivo de los recursos virtuales.


lunes, 16 de marzo de 2020

Cuarentena: su impacto en la vida cotidiana

Todos nos enfrentamos en estos días a una situación inédita en nuestras vidas, que cambia temporalmente de manera radical nuestros hábitos, rutinas, y modos de vida, además de someternos a un estresor -virus- que no está fácilmente bajó nuestro control.

A parte de todas la reflexiones posibles y las muchas miradas -sanitarias, económicas, sociopolíticas- que podemos tomar sobre la pandemia que nos está afectando, lo más probable es que para la mayoría de las personas sea un cambio abrupto, pero pasajero en su estilo de vida, que no tiene porqué tener consecuencias en el futuro.

Este cambio se va a caracterizar por la necesidad de restringir la actividad en gran medida y tener que pasar mucho tiempo confinados en casa, y esto puede generar consecuencias y efectos, dado que la gran mayoría de la población no estábamos preparados mentalmente para una situación así, especialmente por lo abrupto de esta, aunque el virus ya formada parte de la actualidad informativa.

Las tensiones comunes que podemos enfrentar:

Para la gran mayoría de la población, el problema -a parte de las consecuencias, esperemos que nulas, del impacto del virus en el propio grupo familiar- será como manejar todo esa nueva organización de la vida diaria, con restricción de la actividad y mucho tiempo libre, para evitar el surgimiento de angustias, tedio, agresividad...

De manera general, para población sana, el hecho de estar confinados en casa puede generar dificultades de adaptación como:

-Los problemas lógicos derivados de estar bajo una situación de peligro no fácilmente evaluable ni controlable, que pueden afectarnos a nosotros o a las personas importantes para nosotros.

-Incertidumbre de tipo económico sobre como afectará al propio trabajo y ingresos esta crisis sanitaria, si vira a crisis económica y social.

-Roces y crisis familiares por la convivencia forzada. Discusiones de pareja, conflictos intergeneracionales, tensiones que afloren; dado que todos estamos más nerviosos, convivimos en un espacio más pequeño y tenemos mayor contacto en una situación no deseada.

-Surgimiento de conflictos y carencias psicológicas, más o menos compensados con nuestra actividad diaria habitual, que emergen al no tener las barreras y defensas psicológicas de la cotidianidad: estamos más solos ante nuestros miedos, ante nosotros mismos y nuestras carencias, de manera que pueden ir abriéndose paso cosas que tenemos más al fondo de la mente -a veces porque hacemos un gran esfuerzo en mantenerlas relegadas ahí-

Algunas recomendaciones:

Creo que es muy importante mentalizarse del estado de alarma y excepción en el que estamos, saber que será pasajero, y contextualizar aquellas dificultades o tensiones (no sanitarias) que nos vayan surgiendo, para valorarlas en su justa medida; es momento de permitirse que surjan cosas, no juzgarse demasiado duramente, relajar los ritmos, saber soportar que el aburrimiento puede ser el mínimo común necesario, y saber renunciar a prioridades, hábitos o rutinas -individuales y/o individualistas- que generalmente tenemos, para preservar nuestra salud individual y común.

Esta situación nueva requiere de una reflexión y una adaptación personal, de manera que veamos nuestra vida alterada en la menor manera posible, pero respetando el enfoque colectivo de protección de la salud.

Algunos aspectos que pueden ser interesantes para atravesar esta situación son:

-Establecer medidas de protección y prevención adecuadas. Mantenerse informado a través de los organismos oficiales y por los medios de comunicación más importantes. Racionalizar el consumo que realizamos de manera general, sin elementos superfluos ni una reducción alarmista. Ser crítico con el uso de las redes sociales y no contribuir a difundir información falsa o dañina.

-Organización; establecer rutinas y un cierto horario, tratar de establecer pequeños objetivos y proyectos para el ahora y para el después de esta situación, tratando de ocupar a toda la familia.

-Centrarse en objetivos más internos y reflexivos, hacer una reordenación interior surgida del contacto con aspectos psicológicos internos. Dar tiempo y lugar a todos aquellos aspectos personales de reflexión, para los que normalmente no encontramos tiempo.

-Poder poner de relevancia el valor colectivo y social que tiene el hecho de estar comprometido y aceptar y cumplir las nuevas normas que se están tomando, como un  pequeño sacrificio social necesario, y también valorar que es lo que podríamos aportar nosotros a nivel colectivo para esta situación, donde puede caber la solidaridad con aquello que lo están pasando peor que nosotros.

Una mirada colectiva:

Ahora más que nunca es necesario tener en cuenta las diferentes situaciones sociales, que tal vez no son las mismas que personalmente estamos viviendo, especialmente si nosotros somos jóvenes y estamos  sanos; tales como problemas derivados de personas que están solas o enfermas, derivados de la falta de contacto humano o ayuda básica; las dificultades básicas en la vida diaria en personas dependientes, discapacitadas, sin hogar, con una enfermedad mental grave...

Es necesario descentrarse del enfoque estrictamente individual -aquel que predomina en las redes sociales, con comentarios y apreciaciones que rozan a menudo la insensibilidad- para poder valorar como lo están pasando otros colectivos que de manera cotidiana nos quedan mentalmente lejanos y que sufrirán más que nosotros esta situación.

En mi opinión, esta situación puede hacer consciente a mucha gente de aspectos dolorosos a nivel social (la enfermadad, la probreza, la vejez...) lo que nos puede hacer más permeables a las situaciones de necesidad que vive mucha gente, o bien puede encerrarnos en una burbuja individualista e insolidaria. Cada uno responderá en función de sus posibilidades.
Es interesante como parece que mucha gente se está planteando, más allá de mantener su propia salud y la de la propia familia, como contribuir al bienestar común, aspecto que generalmente no está encima de la mesa de manera habitual.




domingo, 15 de marzo de 2020

Desencuentros para encontrarse

A veces una experiencia aparentemente negativa, como una una decepción, un rechazo, o una frustración, aunque aparentemente sea un contratiempo y lo sintamos así en primera instancia; a un nivel más profundo, nos puede servir como punto de corte y anclaje para darnos cuenta que hay algo en nuestra vida en lo que no nos estamos conduciendo bien, o en lo que debemos de pararnos: para repensar nuestras prioridades, encontrar nuestro verdadero camino y recuperar el ritmo.

Si se está suficientemente conectado emocionalmente con lo que uno siente y con lo que uno es, a nivel más profundo, los contratiempos y pequeñas crisis se pueden leer más allá de lo que implican de frustración y cierto sufrimiento, para poder pescar claves que nos permitan gobernar nuestra vida.

Es cierto que nuestro contexto actual se guía más bien por cierto individualismo y por la percepción de que si algo me causa alguna dificultad, me tengo que alejar de ello, dando ello muestra de un cierto hedonismo y de poca capacidad, en muchas personas, para tolerar la frustración, dar tiempo al tiempo o generar lecturas alternativas, más profundas, y más reposadas de los vaivenes de la vida. Poder hacer este proceso nos abriría posibilidades muy interesantes, más allá del ir dando bandazos hacia aquello que me satisface o no me genera dificultades como modo de vida poco sólido.

Cuando uno está lo suficientemente en contacto con sus emociones y sus sentimientos puede aprovechar una eventualidad como esta -una vez pasada la frustración, la rabia, y los sentimientos lógicos en primera instancia- para hacer una lectura más profunda y afectiva, anclada en la propia historia, en las propias carencias (que todos arrastramos) y en las propias claves individuales. Las cosas no pasan porque sí, o por azar, tienen una vinculación con nuestra historia, y con aquello que necesitamos superar y elaborar de nosotros mismos. Este proceso es totalmente idiosincrásico, y quizás poco comprensible para los demás, pero que nos hace topar con algún elemento propio, alguna verdad particular, que aparece como una revelación, que nos hace saber, con grado de certeza, que hay algo debemos cambiar o hacer con nuestra vida.

Que no se nos pasen estas ocasiones cobijados bajo el velo victimista de las frustraciones de la vida, como un elemento más de lo que la vida nos niega, que confirma nuestra mala suerte y nuestro enfado con el mundo... y que, por contra, efectivamente, podamos aprovecharlas para hacer una lectura más profunda, un análisis más global, que nos sirva como guía de nuestra realidad para cartografiar nuestras limitaciones y deseos, y saber si estamos en camino de aquello que deseamos, o en sentido contrario, siguiendo los dictados de nuestras limitaciones o carencias infantiles que nos alejan de poder acercarnos a expresar lo que realmente somos; este es, sin duda, un ejercicio que marcará un antes y un después en nuestras vidas.

Las preguntas para empezar serían del estilo ¿Qué quiere decir esta experiencia en el contexto de mi vida? ¿En qué momento estoy? ¿Cuál es mi papel en todo ello? Y finalmente, ¿Qué es lo que quiero? Pregunta por cierto, esta última, aterradora en determinados momentos y nada fácil de contestar.

Caminante, no hay camino, se hace camino la andar.

A María, por iluminar con su luz mi oscuridad, y ayudarme a saber donde estoy.

domingo, 16 de febrero de 2020

Sin sentir rabia no podemos vivir.

La rabia, una emoción tan absolutamente imprescindible como cualquier otra.
Hoy en día la gran mayoría de la gente entiende y conoce que todas las emociones y sentimientos son necesarios, y que no existen los sentimientos erróneos, equivocados o malos.
Siendo así, la rabia sigue teniendo "mala prensa" y leemos o nos aconsejan maneras de librarnos o descargarnos de una vivencia considerada nociva.
Desde mi experiencia la óptica difiere, en tanto en cuanto que, poder conectarse, experimentar y sentir la propia rabia, expresándola de manera adecuada, es absolutamente esencial para reducir el malestar.
La rabia seria como una letra de nuestro abecedario o una nota musical, sin ella hay cosas que no se pueden decir, sentir o expresarse y que permanecen reprimidas de manera que causan mucho sufrimiento; a menudo porque la rabia y aquello que la provoca está escondido y protegido de nuestra propia conciencia.
No contactar con nuestra propia rabia y darle el cauce que necesitemos -que no tiene porque ser dañino para los demás- , puede dar la impresión de que somos personas controladas o calmadas, pero a menudo implica un daño a uno mismo, en tanto en cuanto no se es capaz de descubrir y afrontar lo que uno siente, resolver lo mejor posible los propios conflictos y vivir de acuerdo a uno mismo.
A menudo lo que más rabia nos causa es aquello más escondido de nosotros mismos y que más nos cuesta asumir.
No ser capaz de conectarse con esa parte de uno mismo cuando es necesario, cuando estamos en una situación injusta, o cuando nos están tratando mal; a primera vista puede dar la impresión de que uno no se enfada nunca, pero nuestro interior puede hacernos saber de muchas maneras y a través de diferentes síntomas, que nuestra incapacidad de vivir nuestra propia rabia nos está causando mucho más dolor que he hecho de asumirla con humildad.