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sábado, 15 de marzo de 2014

El "ADN emocional" , el tiempo y la posibilidad de un cambio.

Hoy me gustaría hacer una llamada a aquellas personas abrumadas porque no les gusta o sufren por alguna de sus características personales, y les parece que no van a poder cambiarlas jamás, porque son algo nuclear en su vida, como si fuese algo que van  arrastrar toda la eternidad.

A veces hay rasgos, elementos de la psicología de cada uno,  que se han grabado en nuestro carácter y en nuestra experiencia: cosas que hemos aprendido, experiencias impactantes, cosas adquiridas y aprendidas de las personas que nos han criado... que tienen un impacto negativo en nosotros a nivel de sufrimiento en el momento en el que los recibimos y según nos vamos desarrollando.

Estos elementos, al ser adquiridos por nuestra personalidad en momentos en que nos estamos desarrollando -en la infancia- y por ser tomados a menudo de las figuras representativas de nuestra vida (padres, hermanos, abuelos...) son difícilmente valorables de forma crítica, y los incorporamos aún a riesgo de que nos puedan generar algún sufrimiento -presente y/o futuro- en nuestra personalidad, dado que vienen de estas figuras de las que dependemos vitalmente en nuestra infancia. A menudo, sentimos que estos aspectos forman parte de nuestro "ADN emocional"  y nos acompañan durante largo tiempo en nuestra vida, tanto, que pensamos que jamás podremos hacer nada con ellas, y que si renunciamos a ellos o los desaprendemos, es como si renunciásemos a nosotros mismos, a nuestra identidad, algo imposible, por lo que quedamos anclados en una paradoja irresoluble.

Cuando las situaciones de la vida crean ambientes parecidos a los que generaron estos núcleos de sufrimiento en nosotros, estos se activan -pueden haber estado latentes largo tiempo- y aparece el mecanismo de magnificación de aquello que vivimos, que hace que en muchos momentos, aquello en lo que estamos inmersos nos parezca lo único y lo absoluto, sin posibilidad de cambio, sin posibilidad de poder salir, atrapados para siempre...

Ir creciendo y madurando, implica en mi experiencia aceptar que las cosas pueden cambiar -incluso las tan malas, que consideramos que jamás cambiarán- y que uno nunca sabe que se encontrará en el camino.

Algunos ejemplos prácticos de aquello a lo que me refiero:

-Ese niño con el que todos se metían en clase, y que para su desgracia, se va repitiendo este patrón allá donde va sin que sepa muy bien porque.

-Esa persona con una depresión que le parece inagotable, a la que no encuentra significado, y que ya casi no se recuerda sin ella, como si fuera una de las condiciones de su vida, de su "ADN emocional" sentirse tan deprimido.

-Esa persona anclada en un duelo por perder una pareja que no imagina pasar página.

-Esa madre e hija que tienen una relación conflictiva marcada por la rabia desde mucho tiempo atrás

¿Qué sucederá con ellos al cabo de 5, 10 y 20 años?

Considerar que la intensidad del sufrimiento no es indicativa de su inmutabilidad o gravedad, nos ayuda a relativizar en parte estas situaciones.

En este sentido, he observado en mi entorno, como personas marcada por algo muy intenso, que les causaba mucho sufrimiento durante un largo periodo de su vida, al pasar el tiempo, incluso cuando no pensaban que fuera posible, han podido resolver ese conflicto y entonces se produce una transformación muy interesante similar a la del gusano que se transforma en mariposa...

-El niño que era acosado se puede convertir en alguien que guía a los demás con su iniciativa y fuerza en etapas posteriores de su vida, porque encuentra recursos interiores y fortaleza que estaba escondida.

-La persona con una depresión eterna, va aprendiendo que hay cosas que ningún ser humano puede controlar, pero que tiene el derecho a la existencia, y a la felicidad y a cultivar sus elementos más valiosos, que hasta el momento era como si no existieran, como si no pudiera verlos, como sin importancia...

-La persona anclada en el duelo se puede despedir y aceptar que abrirse a la vida de nuevo no implica perder lo bueno que tuvo, y que dejar marchar a situaciones y personas es necesario para seguir creciendo

-La madre comprende hasta que punto ha estado bloqueando el progreso de su hija, y esta a su vez puede observar como su madre se ha sacrificado por ella, a pesar de las importantes dificultades personales y privaciones que tuvo.

En este sentido, incluso lo que se graba en nuestro "ADN emocional" puede cambiar con el tiempo, pero siempre será más sencillo poderlo hacer con el acompañamiento de un profesional que nos ayude a no quedar anclados eternamente -o casi eternamente- en esta paradoja.

Gracias.