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sábado, 14 de febrero de 2015

El sentido (y el sinsentido) de los cambios.

En esta entrada me gustaría hablar acerca de los cambios, acerca de las las dificultades (iniciales) en poder decir adiós a las cosas conocidas y empezar a relacionarse y a vivir con las cosas nuevas que han aparecido o que van apareciendo.

Una de las reacciones habituales ante los cambios tiene que ver con el miedo; un miedo de cuales serán las cosas que nos traen dichos cambios, ante la incertidumbre de tenerse que manejar con cosas nuevas que desconocemos y ante el temor de perder la seguridad que aportaban las cosas que conocíamos y nos hacían sentir seguros.

En mi opinión, el ser humano tiene a explicarse su historia, su biografía y a si mismo de una manera muy ordenada y lógica y llena de sentido, pero al acercarnos y seguir esta historia de más de cerca muy habitualmente nos daremos cuenta de que tiene sus rupturas, quiebres, saltos... y que a pesar de su impacto doloroso, sobretodo en los primeros momentos, hemos ido retejiendo estos vuelcos en la trama de nuestra vida de la mejor manera que hemos podido.

Aunque mentalmente tratamos de explicarnos nuestra historia sin vacíos, sin huecos, es sencillo recordar que muchas de la cosas que ahora son centrales en la trama de nuestra vida: relaciones, trabajo... han llegado fruto de algo casual, para nada previsto o predeterminado a priori, que hemos integrado en nuestras después de un primer momento donde probablemente sí estaban estos miedos y dificultades (que suelen pasar tras los primeros momentos) mientras íbamos dando sentido y colocando lo nuevo dentro de nuestras coordenadas vitales.

Los momentos que parecen de ruptura, paso atrás o en falso... forman parte de la vida de todas las personas, a menudo, más adelante y ya con cierta perspectiva vital podemos comprender la necesidad de haber pasado por determinados momentos que parecían solo negativos, pero que han permitido que emergieran o aparecieran aspectos que se han podido revelar como importantes y significativos para nuestras vidas.

En este sentido mi idea es que la vida no forma parte de un todo tan ordenado y lógico, aunque pensemos que sí, para podernos mover en ella. Estas rupturas o momentos difíciles, con todo su dolor y dificultad, nos ponen a expensas de que la vida no es tan predecible o controlable como nos pensamos, pero más allá de eso, a menudo expresan y permiten la posibilidad de que lleguen a nuestra vida elementos que más adelante serán determinantes y significativos para nuestra evolución como personas.

Será necesario poder relacionarse con una cuota de cambio y de sinsentido en nuestras vidas, cosa que a menudo no es fácil.

Saludos y hasta la próxima.