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viernes, 20 de febrero de 2015

La necesidad de la tristeza y los duelos.

Hoy quería hablar sobre algo que en mi experiencia, en mi formación y en la manera en la que observo la el mundo va teniendo cada vez una importancia mayor.

Es el papel que las experiencias dolorosas, y de tristeza, los duelos, tienen en nuestras vidas. Me da la impresión de que sobretodo en los últimos tiempos a menudo se hace difícil que las experiencias de tristeza y de duelo, que siempre están ahí por algo, se puedan vivir de manera completa. 

A menudo el intenso malestar que provocan hace que las cataloguemos como si de una enfermedad se trataran, cuando precisamente se trataría de no interrumpirlas, sino de facilitarlas para que lleguen a su natural conlusión, en la que habremos podido llegar a un nuevo equilibrio dentro de nosotros recolocando aquello que hemos perdido de una manera distinta y estando preparados para nuevas vinculaciones y experiencias.

El duelo es una experiencia del ser humano caracterizada por la reacción -de dolor- ante algo que se pierde, y aunque no hay dos seres humanos que pasen por el mismo proceso de duelo, suele haber emociones parecidas, algunas de ellas muy dolorosas para la persona.

"El proceso de duelo es una experiencia absolutamente personal, que cada uno hace de una manera distinta" me dijeron hace unos años y creo que con mucha razón.

Si bien el proceso de duelo suele estar socialmente más asociado a la pérdida de alguna persona por fallecimiento o al final de una relación sentimental, se puede pasar un proceso de duelo por la pérdida de cualquier cosa con la que la persona estuviera vinculada y que siente que ha perdido (un trabajo, un ideal, una característica propia, una fase de la vida...).

El duelo es un mecanismo humano para poder ir transitando por los múltiples y naturales avatares de la vida pudiendo cerrar etapas y vinculándose con las cosas nuevas que trae la vida.

El poder permitirse sentir las profundas emociones que implica el duelo (suele haber muchas tristeza, rabia, momentos de incomprensión y desconcierto), es lo que permite a la persona ir transitando y superando sus distintas fases y avanzando hacia el final de este natural proceso.

Quizá resulta algo paradójico, pero precisamente el poder pasar por todo este dolor es lo que nos garantiza mantenernos psicológicamente sanos y lo que nos protege de enfermar.

Todas las emociones y sentimientos están ahí por algo, y por eso es bueno poderlas vivir, aunque efectivamente a veces parece muy difícil.

A nivel terapeútico, se trata de poder ir acompañando este proceso, para que se pueda expresar de la manera adecuada, de acuerdo con la subjetividad de cada uno, pero no impedirlo o bloquearlo.

El duelo es algo que nadie puede resolver por nosotros, es un asunto íntimo y personal que tenemos con nosotros mismos y que marca nuestra responsabilidad como seres humanos a la hora de poder vivir con plenitud.

Muchas gracias y hasta la próxima.